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MAGNÍFICOS

Messi no sabe…

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Así es, Lionel Messi no sabe lo que es tener a Don Quijote de La Mancha y a Sancho Panza como compañeros de equipo. El primero haría locuras en la cancha, mientras que el segundo se pararía entre el horizontal y los dos verticales y ningún balón ingresaría en el marco.

Tampoco tiene la menor idea de lo que es hacer una jugada de pared con Gregorio Samsa, aquel personaje del escritor Franz Kafka que se transformó en un escarabajo. Futbolista de alto vuelo, sin duda alguna.

En efecto, el cuatro veces ganador del Balón de Oro ignora lo que se pierde al no jugar en el F. C. Barcelona con Pedro Páramo, hijo literario del mexicano Juan Rulfo. Este habitante de Comala es idóneo para echarse el equipo al hombro en aquellas circunstancias —propias del deporte rey—en las que el panorama luce sombrío, desierto, fúnebre.

Una verdadera lástima que desaproveche la oportunidad de contar con el apoyo de un mediocampo integrado por Cronopios, Famas y Esperanzas que nacieron en la mente del argentino-francés Julio Cortázar. Todo un derroche de magia, imaginación y fantasía.

¿Y qué decir del hecho de que este hijo de Rosario, Argentina, pase por esta vida sin darse el gusto de disfrutar del balompié con Mauricio Babilonia, un aprendiz de mecánica que aparece siempre rodeado de mariposas amarillas en la novela “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez? Estoy seguro de que el talento de este futbolista de 26 años experimentaría una enriquecedora metamorfosis.

Tengo la sospecha, asimismo, de que a La Pulga le iría mejor con “El domador de pulgas”, de Max Jiménez Huete, que con su actual entrenador: Gerardo “Tata” Martino. El futbol del F. C. Barcelona levantaría más roncha.

Y ya que entramos en el campo de la literatura costarricense, hay que decir también que Messi es desafortunado por no alinear nunca al lado de “Marcos Ramírez” (Carlos Luis Fallas), Tío Conejo (Carmen Lyra) y el Emperador Tertuliano (Rodolfo Arias). El blaugrana número 10 se pierde una buena dosis de picardía e ingenio.

Puedo imaginarlo a usted, amigo lector, preguntándose —y con justa razón—, en qué me baso para decir todo esto. Simple y sencillamente en un episodio que el filósofo español Fernando Savater cuenta en su libro “Figuraciones mías (sobre el gozo de leer y el riesgo de pensar)”.

La reproduzco: “Cierto día alguien osado le preguntó a Leo Messi por sus preferencias literarias y el pequeño gran hombre repuso: ‘Una vez quise leer un libro y a la mitad no pude más’”.

Fuera de juego en la cancha de papel y tinta…

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha

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