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Magníficos

Edgar Marín

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Aquella fue una tarde mágica. Inolvidable. No recuerdo la fecha exacta, pero sí tengo claro que ocurrió a finales de 1972, en el recién estrenado estadio Ricardo Saprissa Aymá.

Yo, un carajillo de 10 años en ese entonces, me encontraba con mi padre en el sector norte de ese escenario deportivo observando un partido entre el Deportivo Saprissa y el Club Sport Herediano.

La estrella del juego fue, como ocurrió tantas veces entre 1962 y 1979, el veloz y habilidoso extremo derecho morado Edgar “Guita” Marín.

En esos 90 minutos, indelebles en mi memoria, aquel talentoso futbolista corrió, dribló, atacó, defendió, ejecutó centros precisos y, como si fuera poco, anotó dos goles.Aquel era un Saprissa plagado de buenos jugadores, como los hermanos Francisco y Fernando Hernández, Odir Jacques, Heriberto Rojas y Marco Antonio Rojas.Sin embargo, esa tarde ninguno de ellos igualó la magia de Edgar Marín, quien debutó en la Primera División en 1962, en un partido contra Uruguay de Coronado en el que el equipo de San Juan de Tibás ganó dos a cero; ambos goles marcados por “Guita”

Con Saprissa, ganó 11 títulos, incluidos los seis consecutivos conquistados entre 1972 y 1977, una marca que ningún otro equipo de Costa Rica ha alcanzado y que yo tuve el gusto, el gozo y el privilegio de vivir.Pero bueno, regresemos a aquella memorable tarde del 72...Estaba tan impresionado con el juego de Marín que cada vez que él se disponía a cobrar un tiro de esquina, yo me encaramaba en la malla a media altura que me separaba de la cancha y estiraba el brazo derecho lo más que podía para intentar tocar a mi héroe.Una y otra vez mi padre, quien siempre asistía al estadio con binoculares y radio portátil, me decía: “Hijo, no lo distraiga. Déjelo que se concentre a ver si le metemos más goles a Heredia”. Claro, yo no le hacía caso y seguía insistiendo en mi propósito.Como dice el refrán popular: “el que busca, encuentra”. Y yo encontré lo que buscaba; lo recuerdo como si hubiera sucedido hoy mismo: en el segundo tiempo Edgar Marín llegó a recoger un balón para cobrar un nuevo tiro de esquina y al verme luchando por tocarlo, se me acercó rápidamente, me acarició la cabeza y me dijo “hola papito”.En ese preciso instante firmé de por vida como aficionado del Deportivo Saprissa.Pocas semanas después llegó la Navidad. Mis padres me pusieron a escoger, como regalo de Nochebuena, entre un juguete y el uniforme, bola y maletín morado.

¿Hace falta precisar qué escogí?

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