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Magníficos

Pelé en blanco y negro

Aquel Hitachi no era de colores, plasma, pantalla plana ni LED.

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No soy adicto a la televisión, pero si hay un televisor de mi infancia que recuerdo con especial cariño es el Hitachi, blanco y negro, mueble de madera y pantalla de 24 pulgadas que llegó a casa el martes 1° de febrero de 1972. Unas líneas más abajo le explicaré la razón por la que recuerdo esa fecha con precisión de reloj suizo.

En ese entonces vivíamos en Liberia, Guanacaste, y nos habíamos quedado sin una “chupeta electrónica”, como llamó a ese aparato el canadiense Marshall McLuhan (1911-1980), teórico de la comunicación social.

Mis padres empuñaron papel y lápiz, hicieron números y decidieron comprar una “tele” nueva. Así lo hicieron en una tienda de electrodomésticos que operaba frente a la esquina suroeste del parque de la “Ciudad Blanca”. Ese negocio era atendido por su propietaria, una amable y paciente señora de quien solo recuerdo su nombre: Argentina. Ella cerró el trato con mis progenitores y se comprometió a entregarles el artefacto en cuanto este llegara procedente de San José, lo cual tardó unas cuantas semanas.

Tanta era la fiebre de tener y disfrutar el televisor que mis hermanos y yo —cuatro carajillos— visitábamos todos los días la tienda de doña Argentina con el único objetivo de hacerle la pregunta clave: “Señora, ¿ya llegó la tele?”

A pesar de la persistencia de gotera con aquella interrogante, doña Argentina nunca se salió de sus casillas. Siempre respondió con una sonrisa y un “todavía no papitos, pero van a ver que llega pronto; un día de estos lo tendrán en su casa”.

Tras escuchar la habitual respuesta, emprendíamos una carrera hasta la casa e informábamos a nuestros padres sobre lo que nos había dicho nuestra comerciante favorita. Entonces papá y mamá nos daban un consejo que nunca acatamos: “No molesten a doña Argentina, ella nos va a avisar en cuanto llegue el televisor”.

¡Y el tan ansiado aparato hizo su entrada triunfal en medio de gritos, brincos y rostros alegres, el martes 1° de febrero de 1972!

Recuerdo la fecha con precisión de auténtico reloj suizo porque la chupeta electrónica tuvo estreno de lujo: la transmisión del partido de futbol que esa misma noche jugaron en el Estadio Nacional el Deportivo Saprissa y el Santos de Brasil con su estrella el Rey Pelé. El juego quedó 1-1, con goles del morado Asdrúbal “Yuba” Paniagua y del brasileño Jader.

Aquel Hitachi no era de colores, plasma, pantalla plana ni LED. Sin embargo, aquella fue una noche inolvidable porque en mi familia la magia nunca ha dependido del último grito de la tecnología sino de lo bien que la pasamos cuando estamos juntos.

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha.

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