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Opinión

La culpa es de aquel Saprissa…

Sí, la culpa es de aquel Saprissa: el que ganó seis campeonatos consecutivos entre 1972 y 1977. Ese equipo es, en gran parte, el responsable de que los morados de mi generación nos neguemos a aceptar o consentir un conjunto con tan bajo nivel.

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Sí, la culpa es de aquel Saprissa: el que ganó seis campeonatos consecutivos entre 1972 y 1977. Ese equipo es, en gran parte, el responsable de que los morados de mi generación nos neguemos a aceptar o consentir un conjunto con tan bajo nivel de entrega como el actual (salvando unas pocas excepciones).

Cierto, aquel grupo contaba con jugadores muy talentosos (como los hermanos Fernando “Príncipe” y Francisco “Chico” Hernández), pero no dependía solo de eso; en esas filas había una alta dosis de pasión, coraje y amor por la camiseta.

Ese conjunto tenía garra, coraje, entusiasmo, arrojo, decisión, compromiso, ímpetu, furia, fuerza, nervio, fibra, fervor, calor, empeño, arrebato, intensidad, impulso, pundonor, vergüenza, orgullo.

Un colectivo conformado por hombres como Hernán Morales, Marco Antonio Rojas y Edgar “Guita” Marín… donde abundaban el sacrificio, la sed y el hambre de triunfo, la disputa ardua por el balón y los uniformes empapados de sudor.

No daban una bola por perdida, no se cruzaban de brazos, no eran espectadores sobre la gramilla, demandaban un alto precio por la derrota, remontaban marcadores. Era tal su compromiso con el club de San Juan de Tibás y con la afición que incluso cuando perdían un partido sus hinchas salían satisfechos del estadio.

Ese tipo de entrega es lo que más admiro de aquel Saprissa que disfruté en vivo, por televisión y por la radio. No tanto que sea el único hexacampeón en la historia del futbol costarricense; no, me quedo con el carácter, temple, voluntad, firmeza y energía que siempre exhibió.

Gerardo Solano, Nelson Bastos, Mario Arce, Heriberto Rojas… nos enseñaron que la honestidad, el sentido de responsabilidad y la lealtad también forman parte del deporte rey. ¡Y eso que en aquellos años los futbolistas no ganaban los salarios que se pagan hoy día!

Sí, daba gusto asistir al estadio. La inversión de tiempo y dinero siempre daba buenos réditos. Sentarse en la gradería era una fiesta, un gozo, una alegría.

Lamentablemente hoy no puedo afirmar lo mismo. Tengo varios años de ver a un Deportivo Saprissa sin alma, sin ganas, sin apetito. Aún así, sigo asistiendo al estadio, comprando camisetas, gorras, banderas, pero no me siento correspondido; el equipo de mis amores me queda debiendo, no es ni siquiera una sombra de segunda categoría del grupo hexacampeón en la década de los 70 del siglo pasado.

Tan sencillo como esto: aquel Deportivo Saprissa ganó seis torneos seguidos; el de hoy, lleva siete de nada. ¿Será posible clonar a Carlos Luis García, Gerardo “Puro” Ureña y Luis Bolívar Quirós?

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