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Magníficos

Me lo dijo el Oso

Uno debe aprender de los errores, pero pasar la página rápido y no perder tiempo atormentándose por un tropiezo.

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Lo hice sin mala intención, pero lo cierto del caso es que el lunes 6 de febrero de 1989 eché sal en la herida. Al final fue para bien…

A eso de las 8 a. m. abordé un taxi en el costado sur del parque Kennedy, en San Pedro de Montes de Oca, y le pedí al taxista que me llevara al periódico La Nación en Llorente de Tibás.

Trescientos metros después nos encontrábamos frente al Salón de Patines Music, en cuya acera estaba el portero del Saprissa en ese entonces, el uruguayo Miguel “Oso” Pereyra, quien llegó a Costa Rica proveniente del equipo Nacional, de Uruguay.

Reaccioné de inmediato y le dije al chofer “¡pare, pare!” Así lo hizo. Saqué la cabeza por la ventana y le pregunté al futbolista si iba para el estadio Ricardo Saprissa. “Sí, voy a entrenar”, respondió y subió al vehículo en cuanto le abrí la puerta. Lo recuerdo como si hubiera sucedido esta mañana: un tipo alto (Gulliver del futbol), con el pelo largo (cantante de rock bajo los postes) y piernas largas (cigüeña cazadora de balones) que a duras penas logró acomodar en el asiento trasero.

El taxi prosiguió la marcha y justo cuando pasaba al costado oeste de la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica eché sal en la herida de aquel guardameta. “¡Qué goleada nos recetaron ayer! Yo fui al estadio y salí desinflado”, manifesté en alusión al partido del día anterior entre Uruguay de Coronado y Saprissa, en el estadio “Pipilo” Umaña, de Moravia, el cual ganaron los lecheros 4 a 1.

El título de portada de La Nación lo decía todo: “ Memorable tunda del Uruguay al Saprissa”, complementado por una fotografía del preciso instante en que el uruguayo James Cantero fusilaba a mi compañero de taxi.

Los otros goles uruguayos fueron anotados por Erick Rodríguez, Jorge Jiménez y William Mejías. El gol de la “honra” fue obra de Adonis Hilario.

Confieso que me sentí culpable apenas eché sal en la herida. Sin embargo, el “Oso” le dio vuelta a la tortilla: “Me llama la atención esa característica de los ticos de estarse recriminando las derrotas y los errores durante muchos días. Estoy seguro de que mis compañeros de equipo se la van a pasar esta semana lamentándose por los cuatro goles. ¡Eso no está bien!

Uno debe aprender de los errores, pero pasar la página rápido y no perder tiempo atormentándose por un tropiezo. Ustedes los ticos deben trabajar en eso porque si no nunca van a superarse”.

Pensándolo bien, valió la pena echar sal en la herida, me permitió heredar una excelente lección de quien murió en un accidente de tránsito en marzo del 2010, en su ciudad natal Artigas.

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