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Opinión

Mi final favorita

Hace algunos sábados el canal ESPN nos obsequió un suculento manjar deportivo: la repetición del partido final del Campeonato Mundial de Futbol Alemania 1974.

La transmisión me tomó por sorpresa justo cuando me encontraba saltando de canal en canal en busca de algún programa o película en que valiera la pena invertir el tiempo libre de aquella noche.

No lo pensé dos veces para anclar en la que ha sido mi final favorita de los mundiales que he disfrutado-aplaudido-gritado-sufrido-celebrado por medio de la televisión.

Ese intenso e inteligente juego fue protagonizado por las selecciones de Alemania y Holanda; ambas lideradas por dos de los mejores jugadores en la historia del deporte rey: Franz Beckenbauer (nacido en 1945 en Münich) y Johan Cruyff (nacido en 1947 en Ámsterdam).

Beckenbauer, conocido como el “Káiser”, era defensa y mediocampista. Se distinguió siempre por su juego elegante, preciso, efectivo y noble. Ganó el Balón de Oro europeo en 1972 y 1976.

Cruyff fue un volante ofensivo que comandó y lideró a aquel once bautizado como la “Naranja mecánica” y que practicó la denominada filosofía del futbol total. Obtuvo el Balón de Oro en 1971, 1973 y 1974.

Ambos gigantes se enfrentaron en la final del 7 de julio de hace 40 años, en el Estadio Olímpico de Münich.

Saboreé ese encuentro en la casa de mi tía Ester (q.d.D.g.), ubicada en las inmediaciones de la Clínica Bíblica, en compañía de mi padre, mis hermanos, tío Jorge y un primo del mismo nombre.

De esa contienda que se resolvió en 90 minutos he mantenido siempre frescos varios recuerdos. Entre ellos, que Alemania ganó por marcador de 2 a 1, que los dos primeros goles fueron anotados mediante cobro de penal por el holandés Johan Neeskens (minuto 2) y el alemán Paul Breitner (26’), así como que la anotación definitiva corrió por cuenta del goleador teutón Gerd Müller (43’).

También habitan en mi memoria los nombres de otros protagonistas estelares de esa final: Sepp Maier, Berti Vogts, Wolfgang Overtah, Uli Hoeness, Rob Rensembrinck, Johnny Rep y Arie Hann.

Sin embargo, había olvidado por completo detalles que aprecié en la repetición de ESPN; entre ellos, los anuncios de las vallas en el estadio: Martini, Philips, Alka Sletzer, AEG, Citizen watches, Jagermeifter, Tictac mints.

Tampoco recordaba que cada selección había tenido derecho a efectuar solo dos cambios y que no se castigaba con un tiro libre el hecho de que un portero atrapara con sus manos el balón devuelto por un compañero de equipo.

Apenas terminó la transmisión me dije: “En el octavo día creó Dios el futbol y el hombre retornó al paraíso”.

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