Publicidad

Magníficos

La metamorfosis

Cuando Fanático Envenenado despertó aquella mañana, luego de soñar con las barras enemigas, se encontró en el estadio convertido en una bestia violenta.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Que me perdone el escritor checo Franz Kafka (1883-1924), por esta versión libre de las primeras líneas de su obra “La metamorfosis”...

Cuando Fanático Envenenado despertó aquella mañana, luego de soñar con las barras enemigas, se encontró en el estadio convertido en una bestia violenta. Estaba sentado sobre la dura gradería de concreto, y al levantar un poco la cabeza, vio las figuras odiadas de los aficionados del equipo rival, agitando banderas, cuyos colores le provocaban náuseas, visiblemente a punto de agredirlos a golpes para derribarlos hasta el suelo. Innumerables patas, peligrosamente gruesas en comparación con las piernas de los seres humanos, ofrecían a sus ojos el espectáculo de un rencor sin razón de peso.

--¿Qué ha sucedido?

No, no soñaba. La gradería, aunque supuestamente repleta de personas, aparecía como un encierro para animales salvajes. Presidiendo el corral, en el cual circulaba un catálogo de iras y resentimientos –Fanático Envenenado era adicto a aborrecer-- , colgaba una camiseta poco antes arrebatada a la fuerza a un muchacho que simplemente quería disfrutar de una linda contienda deportiva. Lucía esa prenda rota, desgarrada y salpicada con gotas de sangre que le daban al espectador una clara idea de lo que había ocurrido.

Fanático Envenenado dirigió luego la vista hacia las otras graderías; sombra y platea llenas a reventar de gente que coreaba y aplaudía a sus ídolos futbolísticos, le infundió un gran deseo de venganza.

“Bueno –pensó--; ¿qué pasaría si yo decidiera ser una buena persona y me olvidara de atacar a mis semejantes?” Pero esta pretensión era algo desde todo punto de vista irrealizable, porque Fanático tenía la costumbre de hacer daño, y su visión de la vida no le permitía adoptar una postura de bondad. Aunque alguna vez puso algo de empeño en tratar de cambiar, forzosamente volvía a tirar piedras, repartir garrote, dar puñetazos. Mil veces intentó en vano esta operación: recurrir a la furia y la brutalidad para tratar de convencer a sus enemigos de formar parte de su barra, lo cual en múltiples ocasiones le valió experimentar dolores intensos y punzantes al mismo tiempo, dolores que lo aquejaban en los costados.

“¡Ay, Dios! --se dijo--. ¡Cómo disfruto lo que hago cada domingo! Siempre hiriendo. La satisfacción de este negocio es mucho mayor cuando envío al hospital a algún idiota del equipo adversario, y no hablemos de esta plaga de la policía: cuidarme de que no me arresten, que no me esposen, que no me metan en alguna perrera, una guerra en la que el corazón nunca puede tener parte. ¡Al Diablo con todo!”

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Publicidad

Sondeo ¡Participe!

¿Marcará diferencia la ventaja deportiva en las semifinales del Torneo de Invierno?

Ver resultados

Publicidad