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Magníficos

La página es una cancha

De vez en cuando jugamos futbol con las palabras y nos creemos el Messi de la ortografía o el Ronaldo de la gramática.

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De vez en cuando las palabras se dejan atrapar, amasar y moldear, y entonces resulta fácil fabricar un balón de futbol con ellas…

Uno grande, número 5. Un gajo de agudas como penal y afición; otro, de graves como portero y campeonato, y uno de esdrújulas como árbitro y fanático. También hay gajos de verbos, sustantivos y adjetivos, así como de metáforas, símiles y prosopopeyas.

Luego ¡a jugar sobre la gramilla de las páginas en blanco! Patada sobre una mayúscula; taquito sobre una minúscula. Tiro de esquina sobre un sinónimo; tiro libre sobre un atónimo. Remate de cabeza sobre una vocal; pare de pecho sobre una consonante.

La bola rueda y escribe, pega en el horizontal e imprime una mancha de tinta, cae sobre un charco y deja una sopa de letras.

Un cuento en el centro de la cancha (para leer en el tiempo de reposición). Una novela a lo largo de las bandas (duración: 90 minutos). Un guión para teatro en el área grande (apenas para el descanso). Un ensayo en las banderillas de los tiros de esquina (se lee mientras los jugadores pierden tiempo). Un verso en los puntos de penal (lectura en once pasos). Un poema en las redes (la inspiración del gol).

Camisetas de a, b, c, d, e, f, g… pantalonetas de h, i, j, k, l, m, n… medias de ñ, o, p, q, r, s, t… espinilleras de u, v, w… y tacos de x, y, z.

Y los guantes del guardameta con letras desaparecidas: ch y ll. Sudan los defensas y las camisetas chorrean complementos directos. Caen los mediocampistas y las pantalonetas se ensucian con complementos indirectos. Anotan los delanteros y las graderías estallan en complementos circunstanciales.

Levantan las banderolas los guardalíneas y la mala acentuación queda fuera de juego. Se lleva el juez central la mano a la bolsa y tarjeta roja a la pésima conjugación.

En la banca el diccionario decide cuáles vocablos deben calentar (por lo general, inteligencia y picardía), reprende con gritos a los términos que no están dando la talla (como pereza y conformismo) y ordena la sustitución de las voces que atentan contra el espectáculo (entre otras, codazo e insulto). También gira instrucciones sobre cómo marcar a peligrosos anglicismos como foul, penalty, corner y stopper.

La puntuación también juega. La coma se encarga de las pausas; el punto y aparte, de marcar el final del primer tiempo; el punto y seguido, la reanudación del choque; el punto y final, el arribo a los 90 minutos, y los puntos suspensivos, penales y tiempos extra.

De vez en cuando jugamos futbol con las palabras y nos creemos el Messi de la ortografía o el Ronaldo de la gramática.

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