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El primer gol

De inmediato se pone en marcha hacia el balón; desea agarrarlo, abrazarlo, besarlo, chuparlo, jugar con ese viejo amigo.

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Recién ayer cumplió año y medio y hoy estrena su nueva edad abandonando la pequeña cama con edredón de Winnie Pooh cuando el día apenas despierta, la ciudad bosteza y papá y mamá aún duermen.

Disfruta, a solas, el placer de caminar sin depender de una andadera, apoyarse en barandas o paredes, o asirse de las manos de sus padres. Atrás quedaron los meses de bebé que se movilizaba en brazos de sus seres amados primero y gateando, después.

Se pone en pie y empieza a caminar. Esquiva algunos juguetes regados en el piso y al cabo de pocos segundos sale del cuarto donde duerme solo desde hace un año. Le da un vistazo al espacio que tiene ante sí; parece una abeja decidiendo en cuál flor libar.

Reconoce la puerta del cuarto de sus progenitores y se enrumba hacia ella velando por mantener el equilibrio y evitar una de las tantas caídas que le han producido moretes, chichotas y lágrimas. Apoya sus manos en la hoja de madera y da unos golpes que no hacen mella a los ronquidos en estéreo que se escuchan en el cuarto.

Tiempo de escoger otro destino. Le llaman la atención el florero del comedor, el gato gris que duerme en el sofá, la luz neón del equipo de sonido y la pecera. Opta por el condominio de vidrio con seis peces Ángel; lo seducen los colores y movimientos. Uno de los peces lo hace reír cuando se detiene frente a él y le obsequia una función de boqueo que no tarda en imitar.

Los encantos de la pecera quedan de lado en cuanto descubre una bola de hule en el piso del comedor. Es del tamaño de un melón, roja y con el dibujo del rostro de uno de los personajes de angry birds. De inmediato se pone en marcha hacia el balón; desea agarrarlo, abrazarlo, besarlo, chuparlo, jugar con ese viejo amigo.

Cuando por fin llega hasta esa especie de Luna Llena que rebota hace algo que nunca había hecho: patearla. Se divierte con esa acción. Patada tras patada pasa con el balón al lado de una mecedora, el trastero y la mesa de la sala; producto de una de las patadas la bola ingresa en el marco de madera de una de las sillas y queda atrapada en un mar de patas que impide recuperarla. El niño llora desconsolado sin sospechar que acaba de anotar el primer gol de su vida.

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