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Magníficos

Mi tata

Mi papá se da el gusto de asistir al estadio cada vez que puede.

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San Ramón de Alajuela. Mediados de la década de los 60… Recuerdo a mi padre escuchando la transmisión de los partidos de futbol en una radio portátil con estuche de cuero café. Concentrado, atento a la narración del locutor y los comentarios.

Entre otras voces, Jorge Pastor Durán y Luis Cartín Paniagua. De un momento a otro, el grito de gol que a veces nos entusiasmaba pero en algunas ocasiones nos asustaba. Cuando el equipo de sus amores llegaba a la tierra de los poetas, mi tata asistía al estadio Guillermo Vargas Roldán, por lo general en compañía de su amigo Fernando Esquivel.

Liberia, Guanacaste. Finales de la década de los 60 e inicios de la década del 70… Mi viejo aún más aferrado a la radio. Rara vez, un partido por televisión. Sí, el dial le ganaba a la pantalla chica. Escuchaba todas las transmisiones; celebraba los goles, se frotaba las manos ante un penal, paraba la oreja en los tiros libres, pedía silencio en los tiros de esquina, arrugaba la cara con los goles en contra, comentaba los triunfos, en especial con su amigo Jesús Mendoza.

San Pedro de Montes de Oca. Década de los 70 e inicios de la del 80… Ahora inquilino de la capital, mi papá se da el gusto de asistir al estadio cada vez que puede; lo hace en compañía de sus hijos, algunos amigos (entre ellos, Patricia Stooksbury) y una radio (difícil erradicar un viejo hábito o, dicho de otra manera, renunciar a un antiguo y leal amigo) en el que resuenan las palabras de José Luis “Rápido” Ortiz y Javier Rojas González (entre semana también hay tiempo para oír a Juanito Martín Guijjarro y su “Charlas de Café”). Friolento como es, cuando los partidos tienen lugar en la tarde o en la noche, el hombre se abriga con camiseta, camisa, abrigo y gabardina; súmele a esto gorra, guantes, bufanda y —de cuando en cuando— un termo con café.

Moravia. Mitad de la década de los 80, década de los 90 y primeros 10 años del nuevo siglo… Poco a poco mi viejo deja de asistir a los estadios. ¿Lo desanima la violencia de las barras? ¿Será que cada vez disfruta más de encerrarse a leer en su estudio? ¿Y si se debe a que los hijos crecimos, nos ocupamos y descuidamos las idas al estadio con el padre?... Siempre Moravia, pero en el 2014… Poco a poco David Guevara Arguedas regresa al estadio. Me alegra y celebro el retorno; me gusta verlo aplaudir, reír, gritar los goles, animar a su equipo, comentar los incidentes del partido, moverse inquieto cuando ataca el once rival. Mi tata está de vuelta; ¡es un campeón! ¡Mi campeón!

Mi papá se da el gusto de asistir al estadio cada vez que puede

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