Publicidad

MAGNÍFICOS

Los dos trajes de don Óscar

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

A don Óscar Gómez Chinchilla lo recuerdo siempre con alguna de estas indumentarias: el elegante traje entero con el que predicaba en la iglesia bautista de Heredia, donde era pastor, y el impecable uniforme de árbitro con el que proclamaba las buenas nuevas del futbol.

Sí, este hombre que nació el 23 de mayo de 1913 y murió el 23 de noviembre de 1989 (76 años) era un apasionado del púlpito y la gramilla. Tuve el privilegio y la dicha de verlo ejercer con gozo ambas actividades, la de la Biblia y la del balón.

Con sus trajes enteros, que de cuando en cuando complementaba con un sombrero digno del caballero que era, este tenor se deleitaba también cantando himnos en las iglesias en calidad de solista. Un funeral sin la voz de don Óscar no estaba completo.

Siempre admiré en este señor el hecho de que a pesar de ser cristiano y pastor, nunca lo escuché despotricando contra el futbol. Jamás una palabra de condena contra quienes practicaban este deporte ni contra quienes ocasionalmente se daban una escapadita dominical al estadio. Era árbitro en la cancha; no en el templo.

Fiel a esa posición, tenía dos tipos de “congregaciones”: la de la iglesia y la del grupo de muchachos de su barrio a quienes organizó para practicar el balompié cada sábado en la plaza Flores (espacio ocupado en la actualidad por la piscina del Palacio de los Deportes). En un principio, esa cancha no contaba con marcos; don Óscar los compró de su propio bolsillo y junto con los muchachos de su equipo cavó los hoyos y los instaló. No era uno de esos ciudadanos que se sientan a esperar a que el Estado les resuelva abolutamente todo.

A ese terreno de juego le sacaron el jugo jóvenes y adolescentes como Roberto “Perla” Morales, Miguel Cordero, Álvaro Solera, los hermanos John Alex y Wallace Davis, José Alberto “Sasso” Solís (nieto de don Óscar), Francisco “Tuti” Ramírez, Pablo Gamboa, Isaías Araya, los también hermanos Marvin y Luis Alberto “Chito” Ugalde y Marvin Ulate.

Con ese cuadro, integrado por otros muchachos cuyos nombres no recuerdo, don Óscar asistía cada verano a un campamento de una semana organizado por un ministerio bautista llamado Embajadores del Rey. Como usted bien podrá imaginar, les daban verdaderas palizas futbolísticas (goleadas inmisericordes) a los equipos de las otras iglesias (confieso que fui víctima de sus bailadas).

Daba gusto ver jugar a ese equipo: coordinado, sistemático, estratégico, equilibrado en sus líneas y, como si fuera poco, con jugadores verdaderamente talentosos.

Muchas gracias, don Óscar por estas huellas imborrables.

Me gusta imaginar que en el Cielo se juega futbol y que usted es el árbitro de ángeles, querubines y serafines.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Publicidad

Sondeo ¡Participe!

¿Marcará diferencia la ventaja deportiva en las semifinales del Torneo de Invierno?

Ver resultados

Publicidad