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Nuestra política deportiva

Es un hecho cultural: el tico es futbolero por antonomasia.

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Los organizadores de la ceremonia de inauguración de los Décimos Juegos Deportivos Centroamericanos en nuestro país aún no han visto los frutos de su esfuerzo. Los aficionados se mantienen tibios, según expresión del secretario general del Comité Organizador, Jorge Villalobos, pero se espera que pronto aumente el ritmo de la compra de las 30. 000 entradas que se pusieron a la venta para las justas.

El presidente de la organización, Johnny Araya, confía en que “el espíritu deportivo despierte entre los costarricenses antes del 3 de marzo”. Todos confiamos en esta reacción, gracias a las iniciativas que se han anunciado para estimular a los aficionados, aunque, a decir verdad, el sustantivo “aficionados” no tiene mucho arraigo en nuestro país al referirse a todos los deportes. El aficionado típico costarricense lo es del futbol.

Según expresó Jorge Villalobos, “lo que he notado es que todo el mundo piensa que deporte es solo el futbol”. Esta es la cuestión y la quijotada de atreverse a llevar a cabo esta organización. Este no es solo un dato estadístico o histórico. Es un hecho cultural: el tico es futbolero por antonomasia, lo cual no quiere decir que sea un dechado en esta actividad deportiva.

Nuestros grandes campeones en el deporte, en general, son escasos y, además, la promoción deportiva, de parte del Estado o en el campo privado, es raquítica. Hay, pues, motivos de sobra para explicar no el desánimo popular, sino la ausencia, hasta ahora, de compradores entusiastas.

¿Qué hacer? Si bien no hemos de perder la fe en el apoyo de la gente a estos juegos, es preciso aceptar el desafío cultural o deportivo, y ahondar en las causas del alejamiento o enfriamiento popular del deporte en Costa Rica, siendo, como es, que este forma parte de la cultura y de la educación de un pueblo. Aquí tienen el Estado y las instituciones nacionales un reto. El secreto se llama organización y promoción.

La realidad es que si bien existen entidades públicas y privadas consagradas al deporte, así como diversos torneos, el común denominador ha sido la dispersión y con este mal la pérdida de recursos financieros, técnicos y físicos.

Urge, pues, una política deportiva organizada y orientada con unidad de propósitos.

Es un hecho cultural: el tico es futbolero por antonomasia

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