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Regalo navideño a la afición

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Los aficionados al futbol y, por extensión, buena parte del país esperan, para unos con regocijo y para otros como distracción, los partidos que culminan el campeonato de futbol que, al tener lugar precisamente en estas fechas navideñas, adquieren un sabor especial.

El futbol es una de las pocas distracciones multitudinarias que tiene el pueblo de Costa Rica. Debe ser, entonces, interés y deber de los dirigentes y aun del Estado brindar un clima de respeto y sano esparcimiento.

Este ha sido un tema constante en el país y en las opiniones vertidas sobre el desarrollo del futbol nacional. Sin embargo, aún no se logra que el futbol y la educación se hermanen, como expresión de la cultura costarricense. Algún día será. Ojalá ese día sea pronto.

¿A qué viene esto? A una realidad nacional de violencia en el futbol, escenificada el domingo pasado en el partido entre el C.S.Herediano y la Liga Deportiva Alajuelense, cuando un grupo de la barra herediana se enfrentó con la Policía e inundó el ambiente con insultos y agresiones.

¿Por qué? No había razón alguna, excepto el deseo de causar daño y de mostrar, frente a los aficionados y por televisión, su matonismo.

Si un equipo perdedor se sale de sus casillas y trata de buscar en la violencia contra el adversario un aliciente por la derrota, quizá alguien podría encontrar, en este desbordamiento de pasión, cierto móvil. Sin embargo, en el caso de los fanáticos del C.S.Herediano no había motivo alguno, por cuanto la agresión fue contra la Policía, veladora del orden.

Por la misma razón es criticable la conducta de los dos jugadores heredianos, expulsados por irrespeto al árbitro o a los rivales en la cancha.

Parecen minucias, pero en esta materia no hay minucias. Se trata del respeto a las personas, tanto a los rivales en la cancha, como a los aficionados, así como al propio club.

En fin, es preciso desarraigar la violencia, verbal o física, de los estadios y de las canchas, lo que solo puede lograrse mediante la educación y la sanción.

Que este sea el mensaje de un país civilizado a todos los costarricenses en esta Navidad, expresión suprema de la paz y del respeto humano.

Es preciso desarraigar la violencia, verbal o física, de los estadios y de las canchas de juego

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