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MAGNÍFICOS

Lo que importa es el Mundial

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El director técnico de la selección nacional de futbol, Jorge Luis Pinto, se distingue por su responsabilidad, su laboriosidad y su capacidad. De ello ha dado pruebas en abundancia. Sin embargo, una vez más la Selección fracasó frente a Honduras.

No creo que se le pueda culpar. Si se realizara un análisis del juego del equipo nacional no se podrían extraer errores o fallas concretas que hayan causado la derrota.

Debe tenerse en cuenta que este es un seleccionado a medias, pues en él faltan los jugadores nacionales de mayores quilates.

No es, además, la primera vez que una representación mayor tica fracasa frente a Honduras en justas parecidas, de donde puede concluirse, con una mirada retrospectiva, que se trata de dos selecciones en las que no hay neta superioridad de un equipo sobre otro para emitir un juicio definitivo.

¿Qué queda entonces? Seguir trabajando y, sobre todo, realizar un análisis de estos partidos para corregir y superarnos.

Posiblemente la cuestión central del partido frente a Honduras fue el comportamiento de Saborío, un jugador distinguido y admirado en el campeonato en EE. UU. y que con la Selección Nacional viene a menos.

Este punto merece un examen particular, pues debe existir alguna razón para que, en tantos partidos con la Tricolor, repito -con la Selección- su desenvolvimiento sea tan ambiguo y que fracase en jugadas sencillas y, si se quiere, infantiles, que, al reiterarse, afectan al seleccionado nacional.

Esta es una cuestión relevante. Sin embargo, no es la esencial. Ahora la atención del director técnico y de los dirigentes debe concentrarse en la eliminatoria para el campeonato mundial en Brasil, donde, por nada del mundo, debe repetirse lo ocurrido hace cuatro años, cuando con el trofeo en la mano no pudimos dar la talla.

Si no fuera porque a otros seleccionados les ha ocurrido lo mismo, en el largo historial del futbol mundial, podríamos creer que hay motivos psicológicos específicos para que suceda.

Sea lo que sea, un campeonato mundial es de tal envergadura que vale la pena cualquier esfuerzo para que la bandera de Costa Rica ondee con orgullo en Brasil. ¿Es posible?

La respuesta está en la responsabilidad y en el trabajo, así como en la conversión de la derrota ante Honduras en impulso y fortaleza.

¿Qué queda? Hacer un análisis para corregir y superarnos

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