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MAGNÍFICOS

No más, no más

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Los “90 minutos por la vida”, una hermosa e inspiradora actividad en el Estadio Nacional por los niños aquejados de cáncer, puso de manifiesto el espíritu de solidaridad del pueblo costarricense, pero, a la vez, ¡qué calamidad!, nuestra ineficiencia. Se vendieron 35.000 entradas, se recogieron 275 millones de colones, los cuatro equipos de futbol de Primera División alinearon a sus mejores jugadores, quienes no escatimaron esfuerzo ni calidad en la cancha.

Las familias concurrieron con entusiasmo, un grupo de patrocinadores brindaron su colaboración, en fin, fue aquella una noche espléndida, que nos mostró lo mejor de nuestra gente, pero, ¡ay dolor y desilusión!, se fue la luz tres veces y el partido más atractivo, el clásico entre la Liga y Saprissa no pudo realizarse. Todo se planeó para una competencia entre la solidaridad humana y la majestad de nuestro Estadio Nacional, pero, se fue la luz.

Mejor dicho, no se fue la luz, sino que la ineficiencia y la imprevisión nos quitaron la luz. Y, como se sabe, cuando se va la luz, quedamos a oscuras y nada se ve. Aquí el problema no fue la falta de luz eléctrica, sino la debilidad de la luz intelectual, que si, al parecer, funciona en los conciertos musicales y en las grandes charangas, desaparece en las actividades consagradas a la solidaridad humana y, en esta, a la más bella, la dedicada a los niños. Dichosamente, estos y los padres de familia, como personas educadas, no prorrumpieron en insultos, sino en aplausos y gozosos salieron del Estadio Nacional.

Ahora, como tributo a los niños y a sus padres, al menos hagamos un propósito: que estas cosas no se repitan. Los niños merecen lo mejor y lo más selecto. No hay pretextos, pues, desde antes de la inauguración del Estadio Nacional, clamamos por el orden, la disciplina, la limpieza, la eficiencia, a fin de mantener en buen estado dichas instalaciones. Siempre tuvimos miedo de que se “tugureara” el Estadio Nacional, pues, desde los primeros días, denunciamos sus fallas y la impericia. Y, ahora, en vísperas de grandes desafíos deportivos, la mentalidad “a la tica” nos gana la batalla. Y nos la gana frente a los niños, que merecen, repetimos, lo mejor. Por favor, no más, no más.

No más apagones ni desilusiones. Los niños merecen lo mejor

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