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Ramírez, humildad y grandeza

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Se suele exaltar a los jugadores y a los dirigentes a la hora de saborear las mieles del triunfo.

Se incurre a veces, sin embargo, en una gran injusticia: se deja de lado el papel del entrenador o director técnico, y de sus asistentes. Así, el elogio y el aplauso quedan librados no al desempeño o al éxito del director técnico en la conducción del equipo, sino a su capacidad mediática, esto es, a su conversión en el protagonista del futbol, con triunfos o sin ellos.

Creo que en nuestro país hemos sido injustos con el director técnico de la Liga Deportiva Alajuelense, Óscar Ramírez, un monumento público a la humildad y la sencillez.

¿Cuatro títulos nacionales en cinco torneos son poca cosa? ¿No merecen, acaso, los mayores honores, máxime cuando se han conquistado a punta de silencio y de trabajo?

Óscar Ramírez es una persona contraria a la publicidad, a la declaración altisonante, para atraer la atención de la gente y formar parte del menú de los aficionados o de los dirigentes.

Celebra los goles y los campeonatos con la alegría interna del agricultor que ve reventar la semilla y, a la hora de los triunfos supremos, los campeonatos de su equipo, cuando la televisión lo enfoca, en solitario, más parece el encargado de cerrar la puerta del vestuario que el líder vencedor de cuatro batallas gloriosas en pocos años.

Forma pareja en la Liga con Mauricio Montero, otro campesino, que como su jefe y amigo, Óscar Ramírez, ha sabido pisar con gloria las canchas nacionales y estampar su nombre en el álbum de luz de los grandes en un campeonato mundial: Italia 1990, bajo la batuta de Bora, otro fiel compañero de la virtud de la humildad, esa virtud sin la cual no hay grandeza y todo se derrumba.

Óscar Ramírez, el “Machillo”, como Mauricio Montero, “Chunche”, no son “pura vida”, según el decir popular, sino vida pura: una vida limpia, sin odios, sin envidia, sin violencia, sin vanidad. Costarricenses de pura cepa, como aquellos que, a punta de valores éticos y de trabajo, han hecho grande a Costa Rica.

Rindámosle homenaje. Se lo merecen, como futbolistas y como personas. Mientras tengamos ciudadanos como ellos, nuestro país crecerá y vencerá todos los desafíos.


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