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Magníficos

El nombramiento esencial

Los fiascos de la Selección Sub-20 y de la Sub-17 no pueden quedar impunes.

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La Federación Costarricense de Futbol (Fedefutbol), según ha informado la prensa deportiva nacional, ha resuelto meterle el diente –y, sobre todo, la mente- a ciertos desquiciamientos del futbol de nuestro país, a fin de poner fin a diversos entuertos y fallas estructurales en este deporte que están comprometiendo nuestro futuro.

Hacen bien los dirigentes en asumir esta labor elemental en quienes dirigen una actividad. Si los triunfos emocionan, las derrotas son las que han de dirigir la barca para que las tormentas no la hagan sucumbir.

Las derrotas sufridas en estos meses han hecho, al parecer, el milagro del examen y de la rectificación por los que hemos abogado en diversas columnas. En la niñez nos enseñaron que el dolor de los pecados, el examen de conciencia y el propósito de enmienda son dimensiones básicas en el orden moral y religioso.

No hay actividad humana que escape a estas tres condiciones si, en verdad, queremos progresar.

Hemos leído, en estos meses, con atención y responsabilidad diversos comentarios en este sentido.

Estamos a tiempo. Los fiascos de la Selección Sub-20 y de la Sub-17 no pueden quedar impunes. Tampoco deben quedar libres de un análisis a fondo otros errores cometidos en otras áreas del futbol nacional.

No se trata, por supuesto, de imponer sanciones, sino de tomar decisiones que entrañen una actitud ejemplar y ejemplarizante y que, por sí mismas, induzcan al cambio.

Diversas propuestas se han formulado para salir del atascadero y, de nuevo, levantar el vuelo. Me refiero a la esencial en toda actividad humana: la capacidad, preparación y experiencia de quienes dirigen a cualquier grupo de personas. Sin esta condición no hay plan que sirvan para nada.

Ni la tecnología ni el dinero ni las conexiones internacionales jamás pueden sustituir la capacidad de las personas en el campo de la dirección o de la preparación.

Le otorgo, por ello, un papel singular al nombramiento del director técnico de estos grupos juveniles o infantiles. Este es el sembrador y de él depende casi todo en la formación de un futbolista y de las personas claves en cualquier oficio. Este ha sido nuestro gran pecado. Esta debe ser nuestra principal decisión: la excelencia moral y técnica del director técnico. Lo demás viene por añadidura.

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