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La hora del examen

Este fin de semana agoniza el actual campeonato de futbol sin que conozcamos aún su desenlace.

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Este fin de semana agoniza el actual campeonato de futbol sin que conozcamos aún su desenlace. Esta incertidumbre no deja de ser una ventaja. La certeza anticipada sobre el nombre del campeón y sobre el orden de prelación de los primeros lugares le resta misterio y emoción a un campeonato.  Los latinoamericanos, más emotivos que los europeos, no estamos acostumbrados a los epílogos anticipados, dada la estructura más racional de los torneos del viejo continente, donde el espíritu competitivo se mantiene hasta el final por la diversidad de oportunidades en liza. Esta, sin embargo, no es la cuestión que importa. Lo que ha de interesar es la calidad de los partidos y con ello el ascenso del futbol en un país como un todo.

¿Cómo se logra este ascenso? La receta radica en combinar la racionalidad o institucionalidad del campeonato con la emotividad y el interés de los aficionados. La sola emoción es pasajera y puede ser estéril. La sola racionalidad se agota. De aquí la necesidad de convertir cada campeonato en una combinación de ambas dimensiones, lo cual solo se logra mediante el examen crítico y las propuestas de renovación, en cuyo caso el papel de los dirigentes es básico.

¿A qué viene esto? Esta es la conclusión de este campeonato. Si analizamos este campeonato con espíritu crítico o analítico advertiremos que no es cierto que impere la mediocridad. Por el contrario, han sobresalido jugadores talentosos y prometedores que, por falta de seguimiento y de una labor de planificación, se han diluido y perdido. Esta es la cuestión. Por supuesto, esta labor de análisis exige dedicación y perseverancia, además, claro está, de los conocimientos básicos de este deporte, pues no se trata de improvisación o de solo buena voluntad. Un deportista requiere, como en la agricultura, de atención. Debe sentir la mano del guía o del maestro, que lo lleve y dirija dentro y fuera de la cancha. Esta es una tarea difícil, a veces enojosa, pero, sin duda, es productiva. Basta leer las mil y una historias de grandes deportistas, aun en nuestro país. Nada sustituye la atención personal y personalizada.

Un deportista requiere, como en la agricultura, de atención.

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