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El Muro Florense

Felipe Cordero, Joven estudiante y florense. Desde la cuna vive en Heredia, escucha sobre futbol luego de cada comida. Aunque su abuelo, padre y hermano mayor fueron porteros de profesión.

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Final nacional

El 23

FOTO: Rafael Pacheco

Los ojos de la provincia se cerraron tarde ese viernes 24 de mayo. Eran las 3 a. m. y todavía recibía mensajes de aliento, imágenes para la campaña YO CR3-0, innumerables propuestas de: ¿dónde empieza mañana?

Cuando cayeron los primeros rayos de sol me decidí por no dormir, di unos vistazos a la orejona y no podía evitar pensar en José Sánchez dominando esos balones al toque, en Mambo adelantándonos en el marcador... De pronto llegaron las 4 p. m., busqué en Internet quién había ganado la Champions, me amarré las botas y caminé hasta el estadio Eladio Rosabal Cordero.

Los vi a todos, los mismos, la vieja guardia, en el mismo lugar de siempre, con el mismo aroma. Las mismas arrugas se pintaron en sus rostros al sonreír cuando nos saludamos, cuando chocamos el envase de la primera cerveza de la tarde ¡por el team florense! Fue en ese momento, con ese brindis, donde caí en cuenta de que nada había cambiado, absolutamente nada. Seguíamos siendo el mismo conjunto de aficionados, igual de comprometidos.

El bar todavía estaba allí, a cien metros del Rosabal, nadie se puso de acuerdo para llegar ahí, todos sabíamos a quién nos íbamos a encontrar, que iban a tomar y las canciones que íbamos a cantar. Teníamos todavía el mejor equipo de Centroamérica, la delantera más peligrosa del país, habíamos perdido en Cartago, ellos todavía tenían las Ruinas y nosotros el Fortín, no había esperanza, estábamos seguros, —no hemos sido superiores 73 años por casualidad—, me dije al voltear la mirada a la puerta norte de nuestro estadio.

Del penal dudoso no hablaré, pues tampoco emití juicio sobre los supuestos fuera de juego en el Fello Meza, el arbitraje suele ser definitorio en nuestro futbol, pero debo admitir que una vez cobrado y efectivo, me sentí calmo.

En un movimiento muy acostumbrado cayó el segundo gol por los pies de nuestro goleador nacional y el tercero, cumpliendo la hazaña, fue sentenciado por Yendrick Ruiz, ganándose la plata del goleo del campeonato y sumando un tanto para reforzar nuestro título como el equipo que rompió más redes en el certamen.

Fuimos también el equipo más disciplinado, menos amarillas que cualquiera y sin una sola expulsión y primer lugar de la tabla, aunque hubo un esperanzador descuento del Cartaginés, los números prueban que el podio, realmente, le quedó pequeño al glorioso Club Sport Herediano.

El rival no es tierno, ni pobre, tampoco es pequeño, ni es malo al jugar, tiene mérito; nunca dejó de luchar. Pero como lo dije antes, jugar en el Rosabal es venir a enfrentarse a un capitán de hierro y sus 8000 soldados que jamás se rendirán.

Felicidades a los 23 veces campeones. Los veré en la copa.

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