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El Muro Florense

Felipe Cordero, Joven estudiante y florense. Desde la cuna vive en Heredia, escucha sobre futbol luego de cada comida. Aunque su abuelo, padre y hermano mayor fueron porteros de profesión.

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Final nacional

Yo creo en Herediano

Nos golpearon fuerte y han celebrado en su casa.

Saliendo de Cartago, luego de la pérdida de todo humor, vimos a un Cartaginés fuerte y contundente. Son dos goles y no está fácil. Será una batalla campal, pero será en la casa de nosotros los heredianos, donde se escuchará el susurro del "cañonero" invocando la suerte rojiamarila y se verá la cara de don Eladio dibujada en las graderías. Tendremos una noche mágica, solo habrá que creer que venir al "Rosabal" por un resultado es venir a jugar contra ocho mil personas.

Tenemos muchos años de ver cómo se toma al herediano a la ligera, tuvimos muchos años de sequía y no podemos dejar que nos arrebaten nuestro lugar o ahínco. Veo en la última semana un movimiento como nunca entre los florenses unidos por una singular ilusión.

Cada vez que miro por la ventana veo una banderola, una camisa, escucho un pito o un grito ensordecedor, enciendo la computadora y me invaden las imagines de "yo creo" y me gusta. Veo la obtención de un ambiente espeso, tanto que se puede cortar con un cuchillo.

Si bien los florenses estamos todos bajo el mismo asedio, nuestras pantallas no paran de parpadear y los teléfonos nos roban la calma y nos llenan de emoción.

Yo no soy ajeno a creer, he visto a Yendrick anotar tres en Cartago. ¡Cómo olvidar su hat trick si fue el primero! He visto a Mauricio silenciar el Saprissa, he visto a Granados moverse a la velocidad del pensamiento, a Leonel saltar de poste a poste, a Pablo sostener la cinta de capitán con el orgullo que requiere ser cédula cuatro, creo porque Cubero jugó con el pie quebrado, porque he visto a Mambo volver cual si hubiese jugado cada partido, porque los vi entrar triunfales hace un año, porque los he visto escoltar la bandera rojiamarilla e izarla antes del pitazo inicial, al fin creo porque ellos saben que vivimos por ellos y ganarán por nosotros o morirán en el intento.

Esta es la última cita, los últimos noventa minutos y no hay excusa para no creer. No hay forma posible de saber el resultado pero hay un grito que dar, un aplauso que escuchar repicando desde la cantina de la esquina, no se puede olvidar que este equipo todavía tiene el temple de haber sido forjado en un infierno y nunca bajar los brazos.

Yo creo porque los veré en el Eladio Rosabal Cordero.

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