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El Muro Florense

Felipe Cordero, Joven estudiante y florense. Desde la cuna vive en Heredia, escucha sobre futbol luego de cada comida. Aunque su abuelo, padre y hermano mayor fueron porteros de profesión.

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Futbol Nacional

La pasión por el futbol vs. la violencia de las barras

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FOTO: John Durán

Mis disculpas pero creo que de esto hay que hablar. Como herediano y aficionado al futbol en general, me preocupa lo acontecido en el Estadio Nacional la pasada fecha.

Es cierto, al igual que una gran cantidad de los aficionados más fieles del Club Sport Herediano, fui miembro de la "Garra" herediana, pero a mí no se me ha pasado la pasión o la entrega al club, solamente que dejé de comprender el porqué de la violencia, y el cómo dejamos de ver a una persona como un aficionado y pasamos a un ataque corporal.

Seamos sinceros, yo, por ejemplo, no le tengo estima por alguien quien no conozco y de hecho prefiero no rodearme de liguistas o cartagineses al calor de alguna mesa en un bar o en un partido acalorado para no entrar en conflictos. Uno no es de palo y podría elevarse a una discusión hiriente.

He sido testigo de actos violentos: una vez en el Morera Soto contra un aficionado promedio florense por parte de alguien que no era miembro de "La Doce", otra vez ahí mismo pero ocasionados por la barra local. O lo que pasa en Cartago, donde el premio es al salir del Fello Meza: tanto la barra como los vecinos y amas de casa nos regalan un concierto de vidrios quebrados y golpes secos de piedras en las paredes de los buses y hasta vasos del refresco —por raro que sea— es lo que usan como proyectil.

Lo señalé en el Muro Florense, luego de lo del  "Muñeco", la solución a los problemas de agresión es solventar un castigo al suprimir a los de casa. Sí, me gustan las barras, voy a ser honesto, me encanta hacerle coros a sus canciones, el Rosabal se despierta al ritmo de las mismas, sin embargo, la embriaguez de algunos de sus miembros raya fuera de control. Hay quienes también mendigan afuera del estadio por monedas para poder entrar al estadio, lo cual siempre he desaprobado, pues si no tienen medios para ir al estadio, deberían utilizar el tiempo en distintas actividades, para poder solventar necesidades básicas primero.

Al fin del cabo, creo que las barras, tanto como la afición en general, debe comenzar a moverse hacia un estado más complejo, un estado de respeto mútuo a la integridad física, un nivel de madurez y tolerancia hacia canticos, disfraces, rótulos, pero no insultos, golpes o abusos.

El futbol debería ser fiesta y solo puede haber un campeón, así que las rivalidades deben existir pero no para que sean un impulso exterminador hacia alguien que ama algo distinto. O ¿lo es así con la religión o política? Para hacer hincapié en los temas tabú sociales.

Debe haber una tolerancia, y enojarse se vale, pero no enajenar la humanidad y perder la cabeza, lo cual, debo confesar, me pasa en Facebook cuando las discusiones en privado con rivales tocan mi tolerancia.

Yo debo ser parte de este cambio, soy culpable, humano y consciente de un éxodo necesario en el futuro de los estadios del país.

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