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Cuando mucho es demasiado

Cuando el ejercicio excede la capacidad del cuerpo para recuperarse, el rendimiento y la salud disminuyen.

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Dice el dicho que todo en exceso es malo. En el caso del ejercicio, está en lo correcto.

A pesar de la infinidad de beneficios que se reciben al practicar deporte y mantenerse físicamente activo, es posible llegar a un punto en el que más no es mejor.

Pero, ¿cómo saber cuánto es demasiado? Para el fisiólogo del ejercicio Adrián Romero, la clave está en seguir de cerca el rendimiento. “La señal número uno del sobreentrenamiento es que en vez de mejorar, el rendimiento empieza a disminuir a pesar de que se sigue entrenando igual o incluso más”.

Pero si un atleta ve que su rendimiento disminuye, lo primero que hará es entrenar aún más fuerte. Y es aquí cuando entra en el círculo vicioso, porque cuanto más entrene menos le permitirá al cuerpo recuperarse y peor será su rendimiento y su salud.

En ese caso es buena idea poner atención a otras señales que da el cuerpo. “Hay algunos síntomas fáciles de notar, por ejemplo tener mucha sed en las noches, dolores de cabeza frecuentes, cansancio crónico o pérdida de peso injustificado”, detalla Romero.

No es cosa de elite

El sobreentrenamiento no está reservado solo para atletas de alto rendimiento. También puede ser desencadenado por otros factores cotidianos que, aunados al entrenamiento, rebasan las capacidades del cuerpo.

El estrés laboral, pocas horas de sueño y una alimentación deficiente son factores que suman estrés a la ecuación y pueden contribuir al derrumbe. “Tal vez la persona no está entrenando demasiado, pero si se añade el estrés del trabajo, por ejemplo, puede derivar en sobreentrenamiento; esto puede pasarle a cualqueira”, concluye Romero.

La mejor solución (y posiblemente la única) es el descanso. Según la gravedad del sobreentrenamiento, la persona puede requerir varias semanas o incluso meses de descanso para recuperarse totalmente.

Detonantes

1. Descanso insuficiente entre sesiones.

2. Estrés laboral, familiar u otro.

3. Mala nutrición.

4. Pocas horas de sueño.

1. Dolor muscular persistente.

2. Fatiga crónica y bajo rendimiento.

3. Frecuencia cardiaca más elevada.

4. Se enferma o lesiona más a menudo.

5. Irritabilidad, depresión y pérdida de la motivación.

6. Pérdida del sueño, el apetito y la líbido.

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