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Ejemplo de vida

Edgardo Picado: Vencedor de obstáculos

Luego de sufrir un accidente que lo dejó con una pierna más corta, Picado se hizo un campeón.

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Decir que la vida puede cambiar en un minuto puede ser algo ya cansado o repetitivo. Sin embargo, cuando se conocen historias como la de Edgardo Picado, este viejo refrán toma poder y reclama su lugar.

Picado ha sido toda su vida un amante de los deportes, específicamente de los individuales y más si son de contacto.

Inició con el boxeo durante la secundaria y fue campeón de Juegos Nacionales en el año 1998.

Luego incursionó en el karate, según cuenta “es la mayor pasión que tengo”, reconoció.

De hecho, quedó campeón nacional de karate y también obtuvo este título pero en pulsos. Sí, Picado también gusta de esa disciplina poco conocida.

Hasta ese momento de su juventud, su vida era casi perfecta: hacía deporte y alcanzaba constantemente triunfos.

En el año 2001, cuando pasaba su mejor momento deportivo pues se preparaba para asistir al mundial de pulsos en Italia y al mundial de karate en Estados Unido s , sufrió un accidente que le marcaría el resto de sus días.

“Yo era oficial de tránsito y tenía que salir a trabajar a muchas colisiones. Mientras estaba atendiendo un percance, un vehículo me atropelló y prensó mi pierna izquierda con uno de los carros”, comentó el deportista.

El accidente fue tal que, sufrió una fractura expuesta de tibia y peroné, lo que casi le cuesta perder la extremidad.

“Tenía una pierna mucho más corta que la otra. La diferencia era de casi 10 centímetros. Por dicha, ese año empezaron a hacer una técnica nueva de injerto óseo y entonces me sacaron hueso de la cadera y me hicieron el injerto en la pierna”, contó el valiente.

Durante el proceso de recuperación, que tardó más de dos años, este josefino no gastó el tiempo y siguió practicando el deporte de lucha de brazos, pues según él, “yo no puedo dejar de hacer deporte”.

Según cuenta Picado, cuando lo dieron de alta tenía que usar un bastón y la pierna izquierda le medía cerca de tres centímetros menos que la otra. Sin embargo, con ayuda de su entrenador Germán Gutiérrez, empezó a entrenar de nuevo karate.

“Al inicio fue muy duro, hasta lloraba, pero mi entrenador es todo para mí. Él me ayudó tanto, que a los seis meses de volver al deporte pude ganar un torneo”, contó emocionado.

Hoy, este guerrero venció todos los obstáculos y es instructor de artes marciales en el Gimnasio 2000. Además es campeón nacional de pulsos y medalla de bronce a nivel centroamericano en levantamiento de pesas de la selección paraolímpica.

Tómelo como ejemplo, no se rinda ante las pruebas de la vida.

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