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Ejercicio y su efecto desarrollo de los niños

La práctica de ejercicio en edades tempranas, ya sea en forma de actividades físicas comunes o la enseñanza de un deporte en específico, es de suma importancia.

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La práctica de ejercicio en edades tempranas, ya sea en forma de actividades físicas comunes o la enseñanza de un deporte en específico, es de suma importancia para el desarrollo del niño, tanto en el aspecto físico como afectivo, social y cognoscitivo, ya que el movimiento permite la estimulación motora, el aprendizaje y el desarrollo de capacidades como la percepción espacio-temporal, la coordinación, la flexibilidad, el equilibrio, la fuerza y la resistencia.

Claro está que existen diversos factores determinantes del crecimiento y desarrollo del individuo, uno de ellos viene determinado genéticamente. La herencia tiene influencia directa en aspectos como la velocidad de crecimiento, la madurez ósea, la estatura corporal, etc; pero otros factores exógenos o ambientales, como la nutrición, el clima, las enfermedades o la actividad física también interaccionan y determinan el desarrollo y crecimiento final. De tal forma que si una persona posee un determinado potencial genético y sufre en su infancia malnutrición, enfermedades o falta de actividad física, posiblemente no será capaz alcanzar ese nivel que le viene marcado genéticamente.

En términos de actividad física la OMS recomienda para los niños y jóvenes de 5 a 17 años de edad, actividades diarias de 60 minutos o más, en que realice juegos que involucren correr, saltar, hacer equilibrio, desplazamientos, lanzar un balón, actividades recreativas, educación física o ejercicios programados, en el contexto de la familia, la escuela o eventos comunitarios, con el fin de mejorar las funciones cardiorrespiratorias y musculares y la salud ósea y de reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles. Algunos ejemplos de actividades que ayudan a fortalecer los huesos pueden ser: caminar, jugar tenis, correr, voleibol, baloncesto, hockey sobre hielo o de campo, bailar, esquiar, futbol, patineta, gimnasia artística, patinaje en línea, levantar pesas o saltar la cuerda.

En cuanto a alimentación se debe tener un consumo alimentos fuente de calcio como son los productos lácteos (leche, queso, yogurt), pero también de magnesio (vegetales verdes, legumbres frutos secos, semillas) y granos, zinc (carnes, pescado, yema de huevo, carne de cordero, hígado, ostras, aves, sardinas, mariscos, algas, legumbres, setas, soja, cereales integrales) y vitamina D (leche, queso, margarina, salmón, atún, sardinas, huevos). Tener hábitos alimentarios adecuados y un estilo de vida saludable desde la niñez, es muy importante para desarrollar huesos sanos, que a largo plazo ayudarán a prevenir la osteoporosis y posibles fracturas.

La osteoporosis es una enfermedad que causa una pérdida en la densidad de los huesos y una mayor propensión a las fracturas. Ha sido llamada “una enfermedad pediátrica con consecuencias geriátricas” debido a que la cantidad de hueso o masa ósea que se desarrolla durante la niñez y la adolescencia es un factor importante para determinar la salud del esqueleto. Los hábitos de salud que sus niños están aprendiendo ahora pueden literalmente fortalecerles o debilitarles los huesos a medida que envejecen.

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