Publicidad

En Forma

Mister Gym subió el Chirripó

Mister Gym quería un reto más arduo y subió a la cima del cerro más alto del país. Se cansó, pero al final lo logró.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Cansado de visitar clases grupales en donde casi siempre salgo vencedor, la semana pasada busqué un reto más difícil y me fui a ascender el Cerro Chirripó.

Sinceramente no tenía muchas referencias, solo datos sencillos como que había que caminar mucho, que la altura afectaría por momentos la respiración y que la fuerza mental era fundamental para vencer.

Ninguno de esos argumentos me intimidó. Al contrario, me motivaron para enfrentar este desafío y me puse las tenis.

Llegué el miércoles en la noche a la localidad de San Gerardo de Rivas y me acosté a dormir casi de inmediato pues al siguiente día había que madrugar y así fue.

El jueves, a las 4 a. m., ya me encontraba frente al kilómetro cero, más conocido como El Termómetro. Empezaba la caminata.

El clima era agradable, aún estaba muy oscuro pero no había mucho viento. Un foco en una mano y con la otra utilizaba un braceo adecuado que me ayudara a tener más estabilidad.

Desde el inicio el terreno era en ascenso, son cuestas no tan empinadas pero si largas. Lo mejor es aplicar consejos infaltables como inhalar por la nariz y exhalar por la boca. Además, es fundamental usar un paso constante y no emocionarse ya que faltaba mucho.

El paisaje aún no se podía apreciar, pero el aire que se respiraba era puro y la naturaleza expresaba esos sonidos que solo ella misma los sabe hacer.

Así se pasaron los primeros kilómetros hasta llegar al número cuatro. Ahí se encuentra la entrada al Parque Nacional y llegó uno de los invitados a tener en cuenta: el radiante sol.

Pero no era fuerte, solo calentaba un poquito. Lo que sí seguía eran los benditos ascensos. Pero yo le ponía el pecho a las balas.

Ahí en ese sitio tomé un poco de hidratante, pues a un deportista correcto jamás se le puede olvidar que el cuerpo empieza a perder electrolitos y es necesario reponer esos nutrientes.

Luego, pasé por Llano Bonito, sitio que marca la mitad del camino. Continúe con La Cuesta del Agua, este es un ascenso largo y pronunciado, pero aquí todavía tenía las piernas muy fuertes, no me observé mal.

Cabeza al frente, braceo acorde con el paso y mucha hidratación. Iba preparado, esta experiencia no salió así de la nada.

Cerca del kilómetro número 10 llegamos a un terreno del cual todos hablan: La Cuesta de los Arrepentidos. Es abismal, suprema, radical, llámela como quiera, pero está hecha para valientes.

Ahí tuve que bajar mucho el ritmo pero era parte de la estrategia. Los pasos fueron cortos y constantes, la espalda recta y con una leve inclinación hacia adelante, de esta forma, todo fue más fácil.

Seguí caminando y sudando hasta que al fin vi ese rótulo deseado que decía “bienvenido a Base de los Crestones”.

Fue como pegarse a un tanque de oxígeno. Ahí almorzamos y descansamos cerca de una hora. Aún nos faltaban cinco kilómetros para llegar a la cima.

Me sujeté de nuevo los cordones y sin pensarlo mucho tomé por el único sendero que lleva hacia el cerro. Para eso, pasé por el Valle de los Conejos y el paisaje cada vez era más impresionante.

Después de caminar unas dos horas se empezó a ver la cumbre. Caminé más y casi hasta escalé para llegar al punto más alto. Es enorme, irradia energía positiva, es un espectáculo único. Pero ante todo se debe tener una buena condición física si se quiere llegar ahí arriba.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Parque Viva

Publicidad

Publicidad

Blogs

Publicidad