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En su momento
Convocado a la "Sele", el porteño y excarmelo Mario Camacho fue protagonista, insultado por algunos aficionados y anotador del gol que por poco le da el triunfo a Puntarenas. En la acción parece irse al suelo ante Gustavo Alvarado y Roy Ramírez.
Rafael PACHECO/Al Día

De garra y tensión

Carmelita empata en minuto 92 ante un digno Puntarenas

Antonio ALFARO

Cuando el árbitro pitó penal, unos corrieron a reclamale, otros brincaron de júbilo y algunos rogaron al cielo, como el zaguero carmelita Gustavo Alvarado, quien cayó de rodillas y juntó sus manos a la altura del pecho apenas vio el señalamiento.

Allá a los lejos quedaba el área de Puntarenas, con el derribado Marcelo Bruno, tras una falta de esas que a lo lejos no quedan claras, en barrida de Alexander Madrigal.

Atrás quedaba un juego intenso, por tramos no muy bueno, pero siempre disputado, de garra, de gritos, animado por la barra que desde Puntarenas viajó -comparsa incluida- y los aficionados a favor de Carmelita cuya existencia desconocíamos, suficientes para terminar de llenar la única gradería del Carlos Alvarado.

Después de todo, algunos como este mortal, habíamos pensado en éste como el partido de la fecha, el de los dos pequeños que pretenden colarse a semifinales en medio de Herediano o Saprissa.

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Contra todo

Atrás quedaba el esfuerzo, al parecer inútil, de un Carmelita diezmado desde el minuto 70 con la expulsión de Dagger Villalobos, justo cuando Juan Carlos Arguedas y sus muchachos -a juzgar por los cambios- pensaban irse con todo por el empate.

Igual lo hicieron, a riesgo de ser sepultados en alguno de los contraataques porteños -que sin duda los hubo, con suficiente claridad para liquidar el partido-.

"Nos tocó luchar contra todo. Aunque nos quedamos con diez la propuesta siempre fue ofensvia", destacaría el técnico, quien esperó el empate pese a la mala suerte, la buena intervención porteña o la mala definición propia, entre tiros que pasan muy cerca, otros muy desviados, uno al horizontal o justo donde estaba el guardameta rival...

Atrás quedó todo, para dar pase al penal.

El elegido

Atrás quedó también el protagonista del juego, el porteño Mario Camacho, recién convocado por Pinto a la selección, excarmelita, madreado a más no poder por algunos aficionados de la barriada, anotador del gol al inicio del segundo tiempo, posterior objeto de la falta que generó la expulsión de Dagger.

"Yo sabía que la gente se iba a meter conmigo, porque así sucede cuando los jugadores cambian de equipo. Cuando estuve aquí ayudé bastante y estoy agradecido con lo que me dieron, pero ahora lucho por Puntarenas", señala el joven de 21 años.

Su gol, ese remate desde el borde del área, casi al ángulo, el tanto que le permitió celebrar con la mano derecha en la oreja como quien dice "no los oigo", cobraba más y más valor con el paso de los minutos. Y pudo ser peor, para quienes querían cobrar a puro insulto su "traición", de no ser porque Rocela intentó la individual, cuando tenía a Camacho desmarcado en un "dos contra uno" dentro del área. En otra fue el arquero Pemberton quien le negó el gol con gran estirada a ras de césped. Casi. Pero atrás quedó.

Atrás quedó todo cuando el árbitro sonó su silbato y Esteban Santana inició su breve carrera para cobrar el penal.

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