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Se quedó sin su cascarón

Alejandro Castro cierra el año dejando atrás al chiquillo. El saprissista confesó que le gustaría ser actor, aunque tampoco descarta convertirse en empresario.

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Se ve rudo, fuerte, hasta le llaman el “Tanque”. Él se define como un hombre seguro y tranquilo. “Ya salió del cascarón”, según sus propias palabras.

Este ha sido un año de aprendizaje, en el que ha cumplido más de la mitad de sus propósitos. En el futuro, además de verse como una figura del futbol, por supuesto, quiere ser empresario. Por eso, estudiar y ahorrar son dos aspectos que no dejará de lado.

El matrimonio y los hijos son otros sueños que también verá realizados. Pero en su momento.

“No malgasto y tampoco soy de lujos. Vivo con mis papás muy tranquilo”, dijo el morado, cuya pasión, además de su novia Estefanía Salazar, es irse de “ride”.

Aunque tiene pinta de roquero y hasta podría pensarse que es serio y un toque rebelde, en realidad Alejandro Castro escucha bachata, es amiguero y un contador promedio de chistes... porque estos se le olvidan a medio camino.

Alejandro es un asiduo cliente del cine. No le gusta el Play Station, pero le habría encantado ser actor. Pues admira mucho esa profesión, contó entusiasmado el delantero.

Para él, la muerte no es más que otra etapa del ser humano. Le teme a Dios y al karma. Sabe que todo lo malo que se le hace al vecino se devuelve. “Mi relación con Dios es muy buena más allá de una iglesia”, confesó con solemnidad. Para revelar que su única fobia son los elevadores.

“Una vez cuando estaba en la Sub 17 me quedé atrapado en un ascensor en El Salvador. Fue una hora y media terrible”, explicó.

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