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Cartaginés

José Villalobos Chan: ‘Cada partido lo juego como el último’

Serio solo en la cancha, porque fuera de ella José Villalobos Chan disfruta de la buena música, la cocina y su familia.

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La única referencia que recibí fue la de, “es muy serio”. Con semejante premisa no sabía qué esperar, pero el pronóstico no pudo ser más errado, porque el formal no llegó a la cita; él mandó a su gemelo.

Un roquero divertido, buen cocinero y un gran luchador. A ese fue el José Villalobos Chan al que conocí, porque el capitán del Cartaginés se quedó en la cancha.

Por esa razón, el calentamiento no fue necesario. Con facilidad dejó conocer otra de sus pasiones: la música. Una afición que adquirió desde adolescente, cuando cada colón ahorrado iba destinado a la compra de discos de rock. De estos no se ha deshecho; los acetatos de The Offspring y Pearl Jam están en casa de su madre.

“Aún me gusta el rock, por eso cuando los que vivimos en Heredia viajamos en grupo rumbo a Cartago, me hacen caritas. Esa es la música que pongo”, dijo.

José también es seguidor de la música nacional. José Capmany, Evolución e Inconsciente Colectivo son sus predilectos y considera a “Pato” Barraza como la mejor voz de Tiquicia.

No sabe si cuenta con habilidad, pero algún día quiere tocar la guitarra como lo hace Joe Perry, a quien vio en el debut de Aerosmith en el país allá por los 90.

Entre risas admite que el “chiqui chiqui” no es lo suyo, por eso echaba mano de su mejor repertorio de “hablada” para que no le hiciera falta bailar cuando trataba de ligar a una chiquilla.

Lo “fiesterillo” le duró algunos años. Superado el “cole”, recién entrado a la “U” y en franco debut en el futbol, José disfrutaba de su juventud, hasta que su mamá, quien hasta el día de hoy lo aconseja, lo invitó a portarse mejor.

“Un día me escondió las llaves del carro y yo tenía una cita, así que pedí uno prestado y me fui. Al día siguiente nos golearon en el partido. Ahí decidí empezar a cuidarme, al poco tiempo llegó mi llamado a la Sub-23”, recordó.

Logros

Fue así como las metas comenzaron a escribirse. Una, tenía que ver con el corazón. “Salía con chicas pero era de dos meses. Tuve tres novias en mi vida, una es mi esposa. Quería disfrutar de los 18 a los 26 y así fue”, contó el porteño, para quien no todo ha sido miel. De hecho, la prueba más dura estaba por llegar.

Una lesión en la hernia del disco puso en peligro su permanencia en la cancha. “Venía llegando de las Olimpiadas en Grecia y me había firmado Heredia. Seis de siete médicos dijeron que tendría que retirarme. Por eso cada partido lo juego como si fuera el último”.

Con una casa a medio construir y un futuro incierto, fue mucho lo que tuvo que demostrarse a sí mismo Chan –como le dicen sus compañeros–. Ahí aprendió una lección que no olvida, que el futbol todo lo da y todo lo quita, por eso considera como una norma la lealtad para con su equipo y los seguidores. Él no sufre la popularidad, la vive, reafirma.

“Yo no tengo problema en ir al mercado y ojalá después de perder un partido. Hay que darle la cara a la gente. Claro, que lo más bonito es cuando expresan afecto”, aseveró José, quien trata de mantener un perfil bajo, pese a ello cosecha seguidoras.

“En el camerino me vacilan porque hay un segmento de población de 30 para arriba que me sigue”, dijo apenado, aclarando que respeta mucho a su esposa.

Hoy reconoce que sus días son más tranquilos. Cuando tiene tiempo se pierde en su amado Puerto, en el que aprendió a pescar. Además, le encanta cocinar, lo que atribuye a su herencia materna china, confesó con orgullo el capitán, quien más allá de su banda es su don de gente lo que le ganó el respeto de la afición.

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