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Fuera de la Cancha

Julio César Chávez: “En la vida hay muchas tentaciones y esas me llevaron al infierno de las drogas”

El campeón de boxeo, Julio César Chávez, ganó la pelea más vital de su vida: superar la adicción a las drogas.

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Un día a la vez, un paso, una batalla y una victoria. Así es como recorre ahora sus días “ El César del Boxeo”, un hombre cuyo gancho letal lo llevó al éxito, pero al mismo tiempo le presentó un mundo de tentaciones marcadas por las drogas y el alcohol.

Logró escaparse de ese infierno, según compartió con Al Día en una conversación telefónica.

Hoy, rebasados los 50 años, Julio César Chávez está estable.

“No me da vergüenza decir que tuve problemas, pero gracias a Dios llevo más de dos años limpio y he venido recuperando todo, principalmente el respeto y el amor de mis hijos, que de una u otra forma me tuvieron un poco de miedo”, dijo el campeón de cinco títulos mundiales en tres distintas divisiones de peso.

Precisamente fue esa experiencia que marcó su vida la que lo impulsó, a finales del año pasado, a abrir el centro de rehabilitación “Baja del Sol”, en Tijuana, México. Su anhelo es inaugurar otras sedes en ese país.

“Esa vida no lleva a nada bueno, es un infierno para uno y para la gente que nos quiere”, aconsejó el famoso púgil azteca, quien con voz calma detalla su presente.

“La rehabilitación es un proceso difícil porque se debe vivir día tras día. Solo por hoy me voy a portar bien, solo por hoy no voy a tomar. Uno tiene muchas tentaciones en la vida y esas me llevaron a una circunstancia a la que no quiero volver”, asegura el sonorense, quien llegó a consumir droga incluso días antes de una pelea.

Y aunque no culpa a su éxito, sabe que haberlo tenido todo (fama, dinero y mujeres) a los 22 años fue determinante. Despilfarró y su voluntad era ley, aunque en ocasiones las decisiones que tomó no fueron acertadas.

Sin embargo “hacer lo que quería”, como él lo dice, fue también un vicio de personalidad que corregiría en el 2010, cuando ingresó a una clínica de recuperación.

“Ahí dejé todo; el carácter necio, orgulloso, egocéntrico y la soberbia”, añadió con sencillez el púgil cuyo nombre es leyenda.

Su sosiego lo llevó a enrumbar sus proyectos profesionales, los cuales incluyen una bebida energética y un restaurante, además de su trabajo como comentarista y analista para las cadenas TV Azteca y ESPN.

Por supuesto, esto sumado a la labor de preparar a sus hijos (Omar y Julio) en el cuadrilátero.

El premio: sus hijos

Con sus retoños mayores, Julio César mantiene una muy buena relación. Los acompaña a los entrenamientos y los aconseja.

“Me gusta compartir lo mucho o lo poquito que aprendí y ellos lo toman a bien”, afirmó, aunque confesó que al principio no quería que siguieran sus pasos.

“Cómo quitarle la ilusión a unos niños que siempre vieron a su papá pelear. Afortunadamente me salieron buenos, pero me pongo nervioso cuando pelean”, enfatiza con el pecho lleno de orgullo.

Su otro hijo, Cristian, estudia Ciencias Políticas y la pequeña Nicole tiene vena artística.

¿Y el corazón? “Muy bien gracias”, respondió el exdeportista, quien está feliz, enamorado y muy en paz junto a su esposa.

La sonrisa le sale fácil a Julio César, por eso posiblemente bromeó diciendo que es más o menos apasionado.


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