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Fuera de la cancha

Pilo Obando recibió sentido homenaje en el Fello Meza

Cientos de seguidores le dieron el último adiós este jueves en el “Fello” Meza.

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El cielo de la Vieja Metrópoli ayer lució distinto. Se tiznó de un azul intenso y particular, como si el mismísimo “Pilo” lo hubiera pintado para declararle por última vez su eterno amor a la provincia que lo vio nacer. Brumoso hasta los huesos y profeta en su tierra. Por eso, entre aplausos, vítores, lágrimas y anécdotas, su pueblo le dio el último adiós este jueves al ícono de la narración nacional.

No fueron 10 ni 20, fueron cientos los seguidores que rodearon desde el medio día los muros del estadio “Fello” Meza a la espera de ingresar y fotografiar en su memoria la imagen del hincha número uno del Cartaginés.

El anuncio de su llegada al “Fello” fue un legítimo “cañonazo”, pues a la 1 p. m. cuando el cortejo fúnebre se asomó, una tumbacocos ubicada a las afueras hizo que los ojos de muchos se pusieran vidriosos al sonar el acorde de “Amigo” de Roberto Carlos. Que himno más apropiado para el amigo de miles, para ese que siempre decía lo que todos frente al televisor pensaban durante un mejengón como bien lo decía él.

Desde ese momento y hasta el final del día, oiríamos en repetidas ocasiones ¡Vive, Cartago vive! ¡Vive, Pilo Vive!

El fervor de aquellos rostros anónimos con el corazón doliente por la partida, los hacía inquietarse. Todos querían entrar al mismo tiempo al estadio, pero la disposición de que fuera en grupos de 50 personas por una cuestión de orden, hizo enojar a muchos de ellos. Ninguno quería irse sin decirle a “Pilo” ¡Te queremos! La edad no importó. Adultos mayores, señoras, amas de casa y hasta adolescentes como Rándall Castro, Jefferson López y Rodrigo Granados le cumplieron a la voz que jamás morirá. “No lo conocimos, pero su forma de ser tan tica nos gustaba mucho”, dijeron los chiquillos quienes asistieron tras salir del colegio.

Doña Carmen Chacón llegó a apreciarlo sin conocerlo, “me recordó a mi padre cuando estaba en vida”, mencionó llevando en brazos a su pequeña Abigail.

Algunos conocidos también hicieron la fila india para despedir al sonriente “Pilo”. Enrique Díaz, Austin Berry, Dany Fonseca y Néstor Monge, por ejemplo.

La dirigencia del Cartaginés no quiso pasar por alto el momento, el cual ha sido reservado solo a personajes especiales, aseguró Jorge Ortega, gerente del plantel. Por eso le entregaron a su hijo Diego Obando una camiseta oficial. El fichaje se oficializó, pues en su espalda sobresalía el apodo impuesto en su niñez y el que lo acompañaría para toda la vida.

La emoción no se hizo esperar en el hijo del relator, quien confesaba nunca haberse imaginado el cariño que despertaba su padre en tanta gente.

Los aplausos parecían interminables en aquella cancha que él mismo ayudó a construir.

“Pilo” se coronaba campeón del torneo, nadie quería dejarlo ir, como si así alargaran el inevitable adiós, el cual cada uno le daba a su manera. El charro Diego Quesada lo hizo con una guitarra en las manos y al son de “Mi querido viejo”. Pocos lograron evitar que lágrimas recorrieran sus mejillas. El golpe de realidad se impuso indolente, atronadoras bombetas sonaron en el cielo y anunciaron que era el momento de dejarlo partir. La ovación fue de pie, como se la merece y como se la ganó con su talento, sencillez y carisma el gran relator del futbol en Costa Rica.

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