Publicidad

Fuera de la cancha

Carlos Saucedo: ‘Trabajé de albañil y de pintor para mantener a mi familia’

Pasaba por un momento crítico cuando le pidió ayuda a la Virgen de Cotoca. Ella le dio la mano y él desde entonces le dedica sus goles.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

En su pecho resplandece una virgen y en su corazón el agradecimiento. Por eso una tras otra, sus anotaciones siempre serán celebradas de la misma forma, recuerda Carlos Saucedo, un hombre cuya convicción religiosa se forjó siendo apenas un niño al que su abuela solía llevar de la mano por las calles del pueblo hacia la iglesia.

Las palabras emanan con facilidad del boliviano, quien recuerda que fue allá por el año 2002 cuando surgió la promesa que cumplirá toda su vida en la cancha.

“Mi hija Alejandra acababa de nacer y yo pasaba por una situación económica complicada. Jugaba en segunda división, ganaba poco y a veces no me pagaban”, detalló el futbolistas, quien en ese momento sentía la preocupación de cualquier padre ante las necesidades básicas de su hijo.

“Había que comprar pañales y leche. No sabía qué hacer y fue ahí donde le pedí a la Virgen de Cotoca que me diera una mano para llegar a primera división; a cambio yo le dedicaría todos los goles que marcara en mi carrera a ella y a Dios”, explicó.

Cuatro años tuvo que aguardar Carlos para ver la respuesta de la virgen. Pero él nunca renegó y la fe de que se convertiría en realidad su petición siempre estuvo latente, aunque en el intermedio le tocó desempeñarse como albañil y pintor de brocha gorda.

Junto a su padre, que es constructor, también laboró, pues las facturas no aguardan y él necesitaba sufragarlas.

“Me sentía un poco frustrado porque siempre quedaba como el goleador del torneo o campeón con mi equipo, pero nadie me llamaba para ascender de división”, añadió.

En el 2006 todo cambió y la oportunidad ansiada llegó, con ella el momento de pagar su promesa. Buscó una serigrafía en Bolivia y él mismo eligió la imagen de la Virgen de Cotoca que plasmaría en ella.

“Me hago una camiseta por torneo, siempre es igual y en el mismo local”, añadió con una sonrisa.

Pero señalar al cielo y mostrar su imagen no es lo único que el saprissista hace para agradecer por ver su sueño cristalizado.

Al año peregrina entre 3 y 4 veces al sitio donde se encuentra su imagen; desde su hogar en Santa Cruz de la Sierra son cerca de 25 kilómetros.

“Mi vida cambió, por eso me gustaría enseñarle a mis dos hijos lo mismo que mi abuela me dijo a mí. Ella decía, ‘pídale hijo a la virgencita y verá como Dios se lo concede’”, explicó el apodado “Caballo”, cuya fe, admite, es inquebrantable.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Publicidad

Publicidad

Blogs

Publicidad