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Fuera de la cancha

Le diagnostican cáncer a “Macho” Acuña de “Zona Técnica”

Con positivismo y fe en Dios, Víctor “Macho”Acuña enfrenta un diagnóstico de cáncer linfático, el cual le fue detectado en mayo.

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Sabana. Cuando acudí a la cita, pensé que quien me aguardaba era un abstraído y atribulado entrevistado. Pero me equivoqué, porque al que hallé fue a un hombre osado, animoso y colmado de fe en Dios que afronta con ímpetu un férreo diagnóstico: un linfoma no Hodgkin de subtipo folicular (cáncer de los ganglios linfáticos).

Esta es la realidad a la cual le da la batalla desde mayo anterior el conocido comentarista deportivo Víctor “Macho” Acuña del espacio dominical, “Zona Técnica”, de Teletica, y la cual decidió compartir en exclusiva con Al Día.

¿Cuándo le dan el diagnóstico?

A mediados de mayo. Cuando regresé de un viaje a Buenos Aires venía con un dolor de estómago y me fui a ver. Para mi sorpresa salí con este “premio mayor”. Gracias a Dios me lo detectaron a tiempo, en 2 años más no habría nada que hacer me dijo el doctor.

¿Antes había sentido algún síntoma distinto?

No. He tenido buena salud. Mi familia padece del corazón y hace dos años me coloqué un “sten”.

¿Qué pasó por su mente?

Ese día fui solo, iba por un examen supuestamente de buenos resultados. El doctor me sentó y ni vio casi el examen, me dio el pronóstico y lo oía, pero solo pensaba “tengo cáncer”. Salí y no sé cuánto demoré del consultorio al carro, me metí, lo encendí y comencé a llorar, daba gritos. Pero cuando me bajé, decidí no derramar una lágrima más. Me fui a la casa, le dí la noticia a mi familia y hemos salido adelante, aunque esto es muy fuerte (dice sereno).

¿Cómo afronta el diagnóstico?

Nunca tuve negación y ni por un segundo cuestioné al Señor. Quién soy yo para preguntar ¿por qué a mí? Si Dios me puso esta prueba es por algo, si me hubiera querido llevar me lleva, si me quiere aquí es porque tiene un plan. Así que la apechugué y la llevo con valentía.

¿Cuál es el tratamiento?

Quimioterapia. Un mínimo de 6 y un máximo de 8 sesiones cada 21 días. Luego será un ciclo cada 2 meses hasta cumplir los 2 años. Yo tengo mucha fe que al 9 de octubre (sexta) esté mejor.

¿Cómo es la quimioterapia?

Llevo dos. La primera es distinta, uno va pensando que es un veneno, pero no, son aguas benditas. La “quimio” es lo único que le salva la vida. Al principio la incertidumbre es mucha, así como el miedo a los sueros.

¿Cómo le fue a usted?

Con la primera entré a las 9 a.m. y salí a las 9 p.m. Le mandan a uno mucho suero antes del químico para limpiar las venas y contrarestar muchos efectos secundarios. Es un proceso minucioso y tienen que irlo evaluando. La tercera me toca el 7 de agosto.

¿Se ha tomado de la fe?

Mis dos bastiones han sido Dios y mi familia. Yo no puedo andar quejándome, tengo fe en Él porque se me diagnosticó temprano. Yo ahí voy, esto es muy difícil, pero hay gente que sufre más por distintas razones. Solos no salimos tenemos que estar tomados de su mano para lograrlo.

¿No ha ocupado ayuda psicológica para afrontarlo?

No. Pero no crea me hago el duro por hombría, es porque mi fe en Dios es fuerte. Desde hace dos años practico yoga, eso ayuda.

¿Dónde lleva el tratamiento?

A mÍ me ve un excepcional médico, un muchacho como yo, que habla claro. Lo primero que me dijo es que era un ganador y yo debía serlo. Tengo la dicha de que me la estén aplicando en el Hospital Metropolitano con gente súper amorosa. Tengo una póliza médica que asume casi todo el costo, pero también creo que la seguridad social en este tipo de casos es extraordinaria.

¿Físicamente cómo se siente?

A los 15 días de la primera “quimio” se me comenzó a caer pelo, ese día fui al piso, me desmoralicé. Al día siguiente me rapé. Le doy al cuerpo lo que pida, si tengo ganas de dormir, duermo, o camino, a veces incluso me despierto a la media noche. Yo lo que trato es de hacer una vida normal en la medida de lo posible.

¿Y la alimentación?

Es fundamental, así que aunque no tenga hambre como. Me quitaron el café, las gaseosas, embutidos y el licor. Es difícil cuando lo que uno se come no sabe a nada.

“Antes del pronóstico nunca pensé en cáncer, eso no era conmigo. Es duro, pero sé que Dios está conmigo”

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