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MAGNÍFICOS

El futbol secuestrado

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Esta columna es un “refrito”. Pero no porque yo quiera. Es que versa sobre una película más repetida que la serie del Chavo del Ocho. Lo malo es que tiene cero humor y si mucho de terror. Dije antes que la culpa de las barras bravas es de todos. Los dirigentes, que las estimulan, apoyan y hasta patrocinan. De los futbolistas que les dedican sus goles, festejan títulos con ellas y llegan incluso a confundirse en medio de esa vorágine de locura y delincuencia en que se han convertido. De la Policía, que le rinde honores por las calles aledañas a los estadios, haciéndoles sentir poderosos.

Y también de los periodistas, que han convertido a sus líderes y pandilleros en “anti- héroes”, protagonistas de portadas y debates, lo cual no solo alimenta sus egos y necesidad de reconocimiento, sino que los catapulta a un status enfermizo de líderes de opinión de esos grupúsculos que tienen tomado al futbol y a sus verdaderos seguidores como rehenes. Ahora tienen el poder de suspender partidos y de poner loco al país. El domingo, los líderes de la barra brava manuda y del Cartaginés se habrán sentado de pierna cruzada toda la tarde y noche, y así pasaron todo el lunes, burlándose del pleito entre dirigentes liguistas y brumosos por otorgarle paternidad a los desmanes y de la Policía por explicar lo inexplicable: que ellos están para combatir en la calle a los delincuentes y no para eventos privados.

Tan poderosos que obligaron a una televisora a alterar su programación normal del lunes para terminar de transmitir los 50 pálidos minutos de un juego suspendido por los gamberros que, no más saliendo de la cárcel anunciaban su presencia en el clásico.A simple vista, hay muchos errores que magnifican el problema. Los dirigentes les tienen asignado un sector de gradería a las diferentes barras bravas, diz que para encapsularlas y alejarlas de los demás. Pero es eso, la manada, lo que vuelve agresivos a un montón de cobardes que se sienten arropados por muchos iguales, envalentonados por el anonimato de ser uno entre tantos montoneros.La Policía les tiene miedo, o mucho respeto. El bus de Tuasa lleno de gente en el techo rumbo al estadio, escoltado por un motorizado, es deprimente. Tanto como ver las calles aledañas al Saprissa o Morera Soto tomadas por una procesión de aficionados descamisados, mientras los oficiales de seguridad montan guardia a su alrededor, para que no vayan a cometer algún desmán. Dicen que muchos son socios de los equipos y que tienen poder para quitar o poner directivas. Así que ya estamos avisados: El próximo presidente de la Liga puede ser “El Rata” o el de Saprissa “Gallina”. Perdón: “Don Rata” o “Don Gallina”.

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