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Mundial Brasil 2014

El capitán elegante

Este Bryan de Brasil no se merecerá ya el apodo que le dedicó una parte de la afición. Le decían "galleta soda" supuestamente por frágil.

Homenaje a la Sele

Ahí va abriendo los brazos para esperar los de sus compañeros. Ahí va el 10 alto de la Sele, el capitán elegante en un equipo de obreros. Acaba de cabecear casi con la coronilla, pegar la pelota en el horizontal y hacerla bajar furiosa más allá de la vital línea blanca. Ahí va abriendo su abrazo para esperar el de sus compañeros mientras en el suelo queda vencido un porterazo al que le dicen Buffón. En realidad, va quedando permeado un rival vestido de azul llamado Italia, con patente de impermeable. Bryan va abriendo los brazos para la foto inolvidable desde el estadio Arena Pernambuco, en Recife.

Corre buscando la esquina para celebrar el gol que le dará a Costa Rica el tiquete a la segunda ronda en un grupo que se llamó "de la muerte" pero que para la historia tica se llamará por siempre "de la vida". Un gol en un Mundial lleva Bryan pegado en la boca sonriente. Lleva el trote festivo hacia el corner sin aspavientos, como si llevara la pelota en la zurda. Es el minuto 46 del segundo juego de la Sele en Brasil y ya la justicia abraza a Bryan, que pudo llevar la manija del equipo en el 3-1 contra Uruguay y participar en una jugada de gol con un "taco" de esos que le prohibían cuando llegó a jugar en 2007 al Gent, en Bélgica.

Si Bryan tiraba un taquito, un caño o un sombrero, el entrenador nórdico Trond Sollied detenía la jugada y reprendía. Quería quitar de aquel flaco volante todo lo que aprendió de niño en Alajuelita sin imaginar que siete años después, frente a la Selección de Inglaterra, se pondría a hacer "patinetas" en el centro del campo. Ver de frente al rival, majar la pelota con un pie, girar con el otro y seguir el camino con la bola ante millones de ojos testigos. Hubiéramos querido parar el juego, pero para aplaudirle.

Pero estamos en Recife y todavía no estamos en ese juego de Belo Horizonte. Ruiz corre frente a las cámaras fotográficas. Se ve fuerte. Ya no es aquel cuerpo huesudo que cruzó el Atlántico después de triunfar con Alajuelense y llevarse uno de los primeros golpes de su carrera, al quedar fuera del Mundial de Alemania 2006. Entonces se fue a jugar a Europa. Entró por el sótano belga, donde no le pudieron limar la fineza y pasó después al Twente de Holanda. Una oferta rusa llegó también, pero Bryan quería Holanda. Holanda, Holanda, recuerden Holanda.

Volvamos a Recife. Ese que llega a la esquina y celebra debajo del resto ticos, es Bryan y debe de haber sentido un desquite enorme con la vida, que a veces es justa, como hoy contra Italia, 20 de junio del 2014. Hoy se cumplen 24 años de que la selección tica de Italia 90 pasó a octavos de final, también con un gol de cabeza del capitán, entonces Róger Flores. Hoy es Bryan Ruiz, que se desquita contra la crueldad que lo alejó a él y a todos los ticos de Sudáfrica 2010, en aquel juego infame en Washington DC, cuando el segundero y un tal Bornstein anularon el valor de los dos goles del hijo de Alajuelita y nos mandaron desmoralizados a un repechaje sin frutos.

Hoy no hay crueldad. Su cabezazo picó dentro y celebra el pase a octavos. Y con él, todo el país, que no sabe lo que viene. Vendrá la eliminación de Inglaterra y el duelo epopéyico contra Grecia. La Sele sudará sangre con solo diez hombres. ¡Pero qué hombres! Aguantarán como diques y se irán a la tanda de penales más angustiosa en la historia del futbol tico y Bryan anotará el suyo y Navas detendrá uno y la Sele pasará a cuartos de final. Grandioso, pero un momento: a penales lllegaremos después de un 1-1 gracias a la anotación de Ruiz al minuto 52. Jugará una pelota en mitad del campo y saldrá corriendo frente al área, la pedirá a Bolaños y rematará suavecito de zurda. La bola se irá rasa con algo de drama a la esquinita tibia del gol y algunos comentaristas dirán que fue suerte, pero cuidado, las tomas lo mostrarán disparar con la cabeza arriba, mirando al arco como buscándole el hueco y lo encontrará.

Pasará a cuartos de final contra Holanda y el sudor será poco para cuánto habrá de correr. El 10, el capitán será ya 'goleador'tico (igualará a Wanchope y a Ronald Gómez, con dos anotaciones en mundiales mayores), pero deberá partirse el lomo como un marcador más. Habrá de recordar el partido de la nieve en Denver y cuánto coraje inyectó. Este Bryan de Brasil no se merecerá ya el apodo que le dedicó una parte de la afición cuando antes y durante la eliminatoria le decían "galleta soda" supuestamente por frágil y otras palabras porque no metía pata como quería el graderío o como sí lo hizo en Holanda al quedar campeón de liga o en buenos destellos en el Fulham de Londres. Lo suyo es más fino, no es lo que quería el noruego Trond Sollied ni tampoco lo que quería la tribuna.

Hoy, 20 de junio de 2014, nadie recuerda los motes ni las chotas. Bryan Ruiz González, de 28 años, de 1,88 de estatura, hijo de madre sola y papá de Mathias, tiene a Costa Rica bailando en mitad del Mundial, jugando como le da la gana, celebrando con los brazos abiertos para acoger a todo un país que logró confiar en su estiloso capitán. Contra Holanda se la va a creer y pensará hasta en llegar a una final. En serio, pensará en llegar a una final, pero errará el tiro en la ruleta de los penales y sobrevendrá entonces el perdón popular más rápido de la historia. Ya antes habrá hecho tanto y más. Quedará para los libros como el fino capitán en un equipo de buenos guerreros.

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