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A Lionel Messi le salió “Tata” en Barcelona

Gerardo Martino no tolerará desplantes del astro argentino, como sí lo hicieron Josep Guardiola y Tito Vilanova.

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FOTO: AFP

Barcelona (EFE). Josep Guardiola y Tito Vilanova tiraron la toalla en la cuestión Lionel Messi. Ninguno de los dos se atrevió a molestar a la estrella barcelonista sustituyendolo en un partido cuando más y mejor se divertía en el campo. Con Gerardo Tata Martino la cosa es diferente, ya que Messi, como el resto, está pasando por el tubo de ensayo.

En el primer partido de Liga del Barcelona, y con un 7-0 en el marcador ante Levante, donde fue titular el portero costarricense Keylor Navas, el entrenador argentino ordenó el cambio de Messi en el minuto 70, cuando ya había marcado dos tantos.

El jugador no se lo tomó mal, aunque no mostró ninguna alegría por abandonar el campo y dar la alternativa a Andrés Iniesta.

Días después, antes de la ida de la Supercopa contra el Atlético de Madrid, el entrenador argentino abordó esta decisión y dejó entrever que entendía la peculiaridad del jugador, pero que debía someterse: “Es un tema de comprensión mutua. Yo tendré que ser muy cuidadoso como para no sacarlo cinco veces seguidas”.

L a noche del martes, contra la Real Sociedad, en el tercer partido de Liga en el Camp Nou, Lionel Messi volvió a ver el “10” en la pantalla del asistente para abandonar el campo por el joven Sergi Roberto cuando faltaban diez minutos para concluir el partido.

Esta vez sí, el enojo del jugador fue visible, ya que ni tan solo atendió a la llamada de su entrenador que reiteradamente quiso que le mirase para felicitarle por el partido.

Horas después, tras ser motivo de debate en el entorno, el jugador corrió presto a su Facebook para aclarar malentendidos: “En ningún momento hice algún gesto en el cambio que produjo Martino cuando me saca. A nadie le gusta salir, pero debemos aceptar porque es lo mejor para el equipo. Lo que no voy a aceptar es que ciertos medios salgan a decir mentiras sobre cualquier situación que sucede conmigo”.

Lo cierto es que a Messi no le gusta que le cambien. Y así lo entendieron Josep Guardiola y Tito Vilanova, quienes en privado y públicamente no escondieron que por aquí podían crear un problema donde no existía.

Guardiola le enseñó a jugar de una forma, a dosificarse e incluso a alimentarse. Desde que él lo dirigió, Messi logró sus más altas cotas de popularidad y no se lesionó.

Frente a esta posición de Guardiola, antes estuvo Frank Rijkaard, encargado de colocarlo en la parrilla de salida cuando el entorno lo reclamaba insistentemente en el campo para deleite de la parroquia y ante el ansia del futbolista por estar en todos los partidos.

Rijkaard fue el primer “policía malo” con el que tuvo que medirse un Messi que crecía como la espuma. Es aún recordado el desplante de Messi al técnico y a sus compañeros en París, donde en el 2006 el Barça ganó su segunda Liga de Campeones, y el argentino ni jugó ni celebró.

A pesar de aquel episodio, Messi recientemente ha tenido palabras de elogio para Rijkaard, a quien ha agradecido profundamente cómo supo darle la alternativa, la paciencia que tuvo el entrenador y el modo en que le dio el último empujón, además de mostrar arrepentimiento por no haber estado a la altura en París celebrando por todo lo alto la Liga de Campeones.

Años después, Guardiola y Vilanova entendieron que Messi vive para el fútbol de una forma obsesiva y que se sobrexcita con los desafíos y retos que se le plantean casi en cada partido.

Así, y a pesar de haberlo ganado todo con su equipo y en el plano individual, Messi no ha querido que nadie le haga sombra.

Si Cristiano Ronaldo apuntaba a “Pichichi” (máximo goleador de España), el quería serlo. Si el luso anotaba un triplete, Messi lo repetía y, si hacía falta, anotaba un póquer de goles.

Así es como vive Messi el fútbol en la Liga. La noche del martes, contra la Real, volvió a ser uno de los más destacados. Marcó un gol, estrelló un balón en el poste y en el arranque de la segunda parte falló dos tantos cantados, circunstancia que hizo que el argentino se obsesionase aún más para corregir con goles la falta de acierto.

Por eso, cuando vio el “10” en la pantalla debió pensar que su paisano Martino no había entendido, por mucha mano izquierda que el técnico se haya propuesto tener con el jugador, que él no necesita descanso, sino goles para llevar a su equipo a las cotas más excelsas de éxito.

Viendo el público que ese cambio no le iba a sentar nada bien, se levantó al unísono y le dedicó la ovación de la noche.

Nada de esto le consoló cuando se sentó en el banquillo y perdió su mirada. El Tata, pocos minutos después en conferencia de prensa, explicó que había hablado con su compatriota y que la situación estaba controlada, aunque para corroborarlo habrá que esperar a ver si hay mano izquierda o tercer cambio.

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