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ESPECIAL | El Mundial aún es latino

Un chico con cara de nada y la ilusión de 40 millones de técnicos frustrados

[Testimonio de un argentino] La Albiceleste no ha mostrado su mejor cara en Brasil, no es la mejor versión del equipo de Alejandro Sabella. ¿Y qué? Tiene lo suficiente para que 40 millones de argentinos sueñen con que Messi y compañía vuelvan a casa con la Copa.

Demasiado poder en una sola imagen. Messi y Di María juntos, y celebrando el paso de Argentina a cuartos de final.

AP

Al final del juego ante Suiza las lágrimas de esta aficionada, en Sao Paulo, se convirtieron en felicidad.

EFE

Demasiado poder en una sola imagen. Messi y Di María juntos, y celebrando el paso de Argentina a cuartos de final.

AP

Al final del juego ante Suiza las lágrimas de esta aficionada, en Sao Paulo, se convirtieron en felicidad.

EFE

Mar del Plata, Argentina

Siempre rechacé los fanatismos. Pero desde que empecé a ver a ese chico con cara de nada llevar la pelota cortita, pegada a la zurda y hacer cosas imposibles, me emociono. No grito, no lloro, no me arranco la camiseta: me emociono. Se me dibuja una sonrisa de alegría tonta, inexplicable. Y entonces no me queda otra que tragarme mis palabras. Sí, soy fanático. Sí, soy fanático de Lionel Messi.

Cuando está perdido en la cancha y empieza a escucharse el murmullo de esos que no entienden nada de futbol yo estoy tranquilo. Ya lo demostró: minuto 90 con Irán, zurdazo, ángulo, gol; minuto 118 con Suiza, apilada, asistencia, gol de Di María. Es así. Hay que esperarlo. Y disfrutarlo. No caer en las comparaciones con Maradona, inevitables a veces, pero injustas, eternas y sin sentido.

Me duele cuando no le salen las cosas, cuando arranca y le quitan la pelota, cuando quiere pasar y choca, cuando busca el hueco para patear y lo traban. Y se frustra. Y me frustro. Por suerte, en Brasil las cosas le están saliendo. Mientras escribo estas líneas y busco algo de información no puedo evitar quedarme viendo sus goles, sus jugadas en Youtube. Y vuelve aparecer esa sonrisa de alegría tonta.

Por este chico con cara de nada el país de 40 millones de argentinos —de 40 millones de técnicos frustrados—, sueña con una copa que siempre estamos seguros de merecer, pero que desde hace casi 25 años ni siquiera vemos de cerca. Y esta vez no es la excepción: muchos estamos convencidos de que se puede ganar, aunque en estos partidos no se haya visto la mejor versión de la selección de Alejandro Sabella. El condimento extra lo da el escenario: Brasil, el archienemigo, al que siempre le queremos ganar.

Las mujeres que no miran futbol nunca, que no saben quién es Di María, están encantadas con el mundial. Gritan, alientan, preguntan (a veces de más). Los fanáticos que esperamos cuatro años para esto padecemos el síndrome de abstinencia en estas instancias, cuando ya no hay partidos todos los días .

Suena a frase hecha, pero es así: el país está paralizado. ¡Si hasta procesaron al vicepresidente de la Nación Amado Boudou en una causa judicial en estos días! "Tiene que entrar Biglia por Gago". "Atrás somos un flan". "Con Bélgica vamos a extrañar a Rojo". "Dependemos de Messi". "¿Boudou? No sé. ¿Qué pasó?". Las charlas de café son una muestra cabal del pulso de la sociedad: no importan los K, ni los anti K. Solo importa que Messi y compañía vuelvan con la Copa.

*Mariano Suárez es director periodístico de 0223.com.ar

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