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Nutrición para el cuerpo, mente y emociones

En la actualidad se establecen esquemas de alimentación para prevenir la aparición de enfermedades, manejo de condiciones patológicas y alcanzar un mejor rendimiento en su desempeño deportivo.

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Cuando hablamos de nutrición siempre relacionamos el concepto con salud y bienestar físico.

En la actualidad se establecen esquemas de alimentación para prevenir la aparición de enfermedades, manejo de condiciones patológicas y alcanzar un mejor rendimiento en su desempeño deportivo.

Sin embargo, la dimensión nutricional abarca más que eso, en materia de salud lo que comemos influye no solo la función y apariencia física de nuestro cuerpo, sino también en la capacidad de aprender e incluso en la estabilidad e inteligencia emocional de cada persona.

En este sentido, en el ámbito de la salud existen ocho niveles a saber: el primero es el físico, que quiere decir el cuerpo. La intelectual consiste en el hemisferio izquierdo del cerebro, pensamientos y hechos.

El nivel emocional se desarrolla en el hemisferio derecho del cerebro, sentimientos e intuición. Mientras que el sensorial lo conforman los oídos, el sonido, los ojos, la vista, la nariz, el olfato, la boca, el gusto, el tacto y la piel.

En cuanto al campo interaccional (el yo, el tú y también la comunicación con los demás. Lo nutricional abarca el campo de los sólidos y líquidos.

Los colores, sonidos, luz, aire, temperatura, formas, movimiento, espacio y tiempo engloban el nivel contextual. El espiritual es el significado de la vida, el alma y la fuerza vital.

De tal manera que la personas pueden mejorar su salud al modificar sus hábitos alimentarios y aún cuando no están enfermas si la nutrición no es adecuada puede generar serias molestias y complicaciones.

Para el psicólogo Patrick Holford, fundador del Instituto para la Nutrición Óptima de Estados Unidos, el modo en que cada uno piensa y siente depende directamente de lo que come. Según él existen cinco aspectos básicos:

La Glucosa: son los alimentos ricos en hidratos de carbono de liberación lenta, que el cuerpo transforma en glucosa. Además son el mejor combustible para el cerebro y el sistema nervioso, porque no forman sustancias tóxicas en el organismo. Liberan su energía de una manera constante y paulatina.

Grasas esenciales: los ácidos omega-3 y omega-6 son esenciales tanto para prevenir dolencias como el Alzheimer o la depresión, y sacar el máximo provecho a la inteligencia.

Fosfolípidos: las moléculas de la memoria. Son grasas inteligentes que ayudan a fabricar la mielina que recubre los nervios, favoreciendo que las señales lleguen sin problemas al cerebro. No solo mejoran el humor, refuerzan la mente y optimizan el rendimiento intelectual, sino que además protegen frente al declive de la retentiva y el mal de Alzheimer.

Aminoácidos (proteínas): mejoran la capacidad de comunicación interna del cerebro. Su deficiencia puede ocasionar depresiones, incapacidad de relajarse, mala memoria y falta de concentración.

Si las palabras con que se comunican las neuronas y nervios entre sí son unos mensajeros químicos llamados neurotransmisores, las letras con las cuales éstos se forman son los aminoácidos.

Las vitaminas y minerales: son los ayudan a que la glucosa se transforme en energía, los aminoácidos en neurotransmisores, y las grasas esenciales en otras más complejas.

Por lo que una alimentación rica en micronutrientes, baja en grasas, con proteínas de buena calidad y carbohidratos pueden contribuir a la mejor función de las neuronas.

Bibliografía : Validación y crecimiento de Virginia Satir y Nutrición óptima para la mente de Patrick Holford.

Beneficia la parte emocional y le ayuda a tener una mejor apariencia física.

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