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Pena ajena y pena propia

Y al final siento pena ajena (la de Rónald González es propia). Se me pasará.

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Un vendedor ambulante y un músico conversan sobre el mal inicio de Saprissa. No hace falta ser técnico para entender algunos de sus males.

-“Mucho rin rin y nada de helados” -dice el vendedor-. Mucho pase de aquí para allá, de allá para acá en el mediocampo, donde se es inofensivo si no se logra claridad ni se habilita al delantero letal (que no tiene).

Ambos criticaban: Cuando estuvo con el marcador en contra, Saprissa mantuvo la calma; cuando tuvo todo a favor, con dos rivales expulsados, entró en ansiedad. “Como decía aquella canción -añade el músico-: No pudo en la escena donde hubo llanto, pues no lloró. No cantó en la escena donde había canto, solo dobló...” Como ellos, sigo creyendo que le faltan jugadores de jerarquía que sepan qué hacer según el momento.

Y al final siento pena ajena (la de Rónald González es propia). Se me pasará. Y a Saprissa también. Espero.



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